LA PELÍCULA DE LA SEMANA

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viernes, 28 de septiembre de 2012

MÁTALOS SUAVEMENTE (Killing Them Softly)

Andrew Dominik no es un director corriente. Le gusta dar a sus obras una visión personal y creativa y tal afirmación solo se puede entender como un halago por mi parte, harto como estoy de cineastas que se limitan a repetir y a copiar largometrajes firmados por otros compañeros. Dicho esto, también es cierto que este realizador neozelandés manifiesta cierta tendencia hacia la mística en sus historias que no siempre le sale bien. En su anterior film, “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, puso de manifiesto su capacidad de abordar proyectos interesantes y de conseguir brillantes interpretaciones por parte de sus actores. Sin embargo, la lentitud de la narración y su aureola de trascendencia lastraban, en vez de impulsar, el resultado final.
En “Mátalos suavemente” ha tratado de rodar una película cómica en clave de cine negro que reflejase el universo del crimen organizado de una ciudad norteamericana. Para ello, ha salpicado la proyección con destellos que dejan patente su sello personal, como el uso de la cámara lenta en algunas escenas o el empleo de una pretendida carga poética que, una vez más, no termina de cuajar completamente. El modelo de diálogos y la puesta en escena relativos a la parte humorística de la cinta aspiran a emular a grandes títulos de este subgénero como “Pulp Fiction” de Quentin Tarantino o “Rocknrolla” de Guy Ritchie pero apenas roza cierta similitud, excepto cuando el personaje de Brad Pitt entra en escena. A él le han correspondido las mejores frases y las escenas de mayor interés, de modo que su notable interpretación marca la diferencia y eleva sustancialmente la calidad del conjunto. Pitt posee una habilidad innata y muy efectiva para dar un toque de comicidad a sus personajes, de tal manera que contar con él es siempre un lujo en este tipo de rodajes. Por el contrario, el resto del reparto cae en la ordinariez y en la vulgaridad.
Al inicio de la proyección, se establece una conversación absurda y soez entre dos delincuentes (de los de poca monta, pocas luces y sobrada estupidez) que no resiste la comparación con el brillante cara a cara entre John Travolta y Samuel L. Jackson en la ya citada y genial “Pulp Fiction”. En definitiva, aquí estamos a un nivel inferior. Tal vez no sea malo del todo pero, desde luego, tampoco es bueno. Desde la primera a la última, las andanzas criminales de los protagonistas se acompañan constantemente de discursos de políticos norteamericanos.
La historia se desarrolla durante la campaña electoral de Barack Obama y John McCain, con George Bush hijo todavía en la Casa Blanca. Siempre aparecen un televisor encendido o una radio enchufada a través de las que se emiten mensajes y proclamas de los candidatos, tratando de poner de manifiesto las similitudes entre el mundo del crimen organizado y el de la alta política. En esta utilización de la moraleja, únicamente Brad Pitt logra registros dignos de mención, sobre todo en la escena final en la que Obama se empeña en ensalzar la labor del pueblo y el delincuente afirma con rotundidad que en Norteamérica no existe el “pueblo” sino que solo existen los “negocios”. En ese instante sí se percibe una crítica original y bien combinada con la narración. En resumen, quienes busquen un cine de gangsters al estilo de las cumbres cinematográficas de Coppola o Scorsese, se sentirá decepcionado. Solo aquellos que opten por la ironía y los excesos propios del mejor Tarantino –aun a sabiendas de que no los van a encontrar- podrán pasar un rato entretenido con este film irregular pero con alguna pizca de genialidad.

Trailer en castellano


Trailer en versión original


Datos del film:
Película: Mátalos suavemente. Título original: Killing them softly.
Dirección: Andrew Dominik.
País: USA. Año: 2012. Duración: 97 min. Género: Thriller.
Interpretación: Brad Pitt (Jackie Cogan), Richard Jenkins (Driver), James Gandolfini (Mickey), Ray Liotta (Markie), Scoot McNairy (Frankie), Ben Mendelsohn (Russell), Vincent Curatola (Johnny Amato), Sam Shepard (Dillon).
Guion: Andrew Dominik; basado en la novela de George V. Higgins.
Producción: Dede Gardner, Brad Pitt, Paula Mae Schwartz, Steve Schwartz y Anthony Katagas.
Fotografía: Greig Fraser.
Montaje: Brian A. Kates.
Diseño de producción: Patricia Norris.
Vestuario: Patricia Norris.

martes, 25 de septiembre de 2012

PAUL NEWMAN

Paul Leonard Newman, conocido artísticamente como Paul Newman, nació en Shaker Heights el 26 de enero de 1925 y falleció en Westport el 26 de septiembre de 2008. Fue uno de los más famosos e importantes actores que ha tenido la industria de Hollywood, además de director y productor. Obtuvo dos Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood y un Globo de Oro de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. También mantuvo una actividad digna de destacar como piloto de automovilismo y se alzó con triunfos significativos en varias carreras. Sus padres se llamaban Arthur y Theresa y tuvo un hermano mayor de igual nombre que su progenitor.
Cuando ingresó en 1951 en la Escuela de Interpretación de Yale ya poseía alguna experiencia como actor amateur en su etapa colegial y universitaria. Tanto en Yale como, posteriormente, en el famoso Actor's Studio fue perfeccionando sus aptitudes interpretativas. En la ciudad de Nueva York logró debutar en series de televisión y en escenarios de Broadway, consiguiendo un notorio éxito de la crítica gracias a su participación en la obra "Picnic". Ese papel y su inmenso atractivo físico fueron claves para abrirle las puertas del mundo del cine. La productora Warner Bros fue la primera en interesarse por Newman, quien debutó en la gran pantalla en "El cáliz de plata" (1954).
Su gran oportunidad llegó cuando fue elegido para encarnar al boxeador Rocky Graziano en "Marcado por el odio" (1956), largometraje dirigido por Robert Wise. En la década de los cincuenta actuó en títulos como "The Rack" (1956) de Arnold Laven, "El zurdo" (1958) de Arthur Penn, "La gata sobre el tejado de zinc" (1958), de Richard Brooks -que adaptaba una obra teatral de Tennessee Williams y por la que recibiría su primera nominación a la estatuilla de Hollywood-, "La ciudad frente a mí" (1959) de Vincent Sherman y dos films con su mujer -la también actriz Joanne Woodward-: la comedia "Un marido en apuros" (1958) de Leo McCarey y el drama "El largo y cálido verano" (1958), cinta dirigida por Martin Ritt.
A comienzos de los años sesenta colaboró en dos películas que, por diferentes causas, tuvieron una excelente acogida. Una fue "Éxodo" (1960) de Otto Preminger, versión cinematográfica de la voluminosa novela que el especialista en best-sellers Leon Uris escribió sobre la formación del estado de Israel. Concebida como un gran espectáculo, Preminger consiguió introducir algunos momentos de excelente cine. Newman encarnó a Ari Ben Canaan, el agente judío que transportaba a los emigrantes judíos hasta Israel para participar allí en la lucha contra los ingleses y los árabes. Su otro trabajo relevante al inicio de la década fue "El buscavidas" (1961) de Robert Rossen, una historia dura y sin concesiones sobre la vida de un jugador profesional de billar que lucha por abrirse paso en un mundo lleno de trampas y en medio de organizaciones mafiosas y violentas. Por esta interpretación recibió su segunda nominación al Oscar. Otros títulos destacados de esta etapa fueron "Dulce pájaro de juventud" (1962) de Richard Brooks, "Hud" (1963), de nuevo bajo la dirección de Martin Ritt, "El premio" (1963) de Mark Robson, "Cortina rasgada" (1966) de Alfred Hitchcock, "Harper, investigador privado" (1966) de Jack Smight, "La leyenda del indomable" (1967) de Stuart Rosenberg, y "Hombre" (1967), de nuevo a las órdenes de Ritt. Muy fructífera resultó la alianza con su compañero de profesión Robert Redford y con el realizador George Roy Hill en "Dos hombres y un destino" (1969) y "El golpe" (1973).
En su faceta como director realizó cinco películas, algunas de las cuales mostraban su deseo de rodar un cine diferente donde las ideas y la tipología de los personajes dominaran sobre la acción y la anécdota. En alguna de ellas el protagonismo femenino recayó en su esposa, Joanne Woodward. En este sentido se deben mencionar “Rachel, Rachel” (1968) y “El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas” (1972). Aunque sus trabajos tras la cámara solían ser acogidos respetuosamente, distaban mucho de la imagen que como actor transmitía en la pantalla y de la idea -a veces, errónea- que el público se había formado sobre él. No obstante, tal circunstancia no le impidió seguir dirigiendo en nuevas ocasiones. Posteriormente, intervino en "El juez de la horca" (1972) y "El hombre de Mackintosh" (1973), ambas de John Huston, "Con el agua al cuello" (1975) de Rosenberg y la exitosa cinta de catástrofes "El coloso en llamas" (1974) de John Guillermin.
Su talento como actor quedó patente en "Ausencia de malicia" (1981), un drama de Sydney Pollack y en "Veredicto final" (1982), un fenomenal ejemplo de género judicial dirigido por Sidney Lumet. Por ests dos últimos papeles volvió a ser nominado al Oscar, galardón que se le resistió hasta el final de su carrera. En 1985 le otorgaron la estatuilla de honor y un año después logró su único Oscar al mejor actor por "El color del dinero" (1986), película dirigida por Martin Scorsese y coprotagonizada por Tom Cruise. Con posterioridad, fue nominado como mejor actor principal por "Ni un pelo de tonto" (1995) y como mejor actor secundario por "Camino a la perdición" (2002).

A continuación, varias escenas de sus películas

VEREDICTO FINAL


DOS HOMBRES Y UN DESTINO (En versión original)


LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC (En versión original)

viernes, 21 de septiembre de 2012

DESAFÍO TOTAL (Versión 2012) (Total Recall)

¿Había alguna necesidad de rodar un remake de “Desafío total”? La respuesta clara y rotunda es no. En 1990, el realizador holandés Paul Verhoeven ya logró resultados notables con la adaptación de este relato de Philip K. Dick, rodando una cinta que, sobre la base de una historia muy original, combinaba con soltura la comedia y la acción, envueltas ambas en un universo, para aquel entonces, futurista. Hay que reconocer que las interpretaciones eran bastante malas pero el lastre se compensaba con las virtudes ya citadas. Incluso el gran maestro Jerry Goldsmith se encargó de componer una emblemática banda sonora cuyo tema principal se popularizó en España gracias a su utilización en las retransmisiones futbolísticas de “Canal +”. La película obtuvo un Oscar de un total de tres nominaciones y se hizo un hueco entre las preferencias de los amantes de la ciencia ficción. Hasta el cineasta Alejandro Amenábar manifestó su admiración por este film y le reconoció ciertas similitudes con su película “Abre los ojos”.
Se puede afirmar que esta nueva versión supera a la original en dos aspectos. El primero se refiere a la recreación visual y a los efectos especiales, obviamente muy superiores, debido a la impresionante evolución de la técnica en las más de dos décadas que separan a ambas producciones. El segundo se centra en la labor de los actores que integran el reparto, sustancialmente mejor que la de sus predecesores. Colin Farrell posee más recursos y registros que Arnold Schwarzennegger para dotar a su personaje de mayor complejidad y credibilidad y también Jessica Biel sale victoriosa de la comparativa con Rachel Ticotin. Sin embargo, en todo lo demás, el largometraje de Wiseman pierde con rotundidad ante el de Verhoeven.
Probablemente acudirán a las salas de proyección dos grupos de espectadores, quienes hayan visto la primera versión y quienes no. A los primeros les resultará muy difícil quitarse de la cabeza las escenas protagonizadas por el ex Gobernador de California, con aquella estética a caballo entre los títulos de serie B y la ciencia ficción más imaginativa. La añoranza y el aire “retro” con la que ese público se enfrenta a este nuevo proyecto de 2012 le provoca cierta predisposición negativa. Desaparecida la intriga, puesto que ya conocen la trama y el desenlace, el metraje no deja de constituir una pura comparación. Y ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Es el precio que tienen que pagar sus responsables por no ser originales ni creativos y por aprovecharse del éxito que otros de sus colegas consiguieron en el pasado. Los segundos podrán quedar fascinados única y exclusivamente por la calidad visual de un producto final plagado de persecuciones y cuyos decorados pueden calificarse de meritorios. Su director (cuyo único bagaje está compuesto por un par de entregas de la saga “Underworld” y otra de “Jungla de cristal”) olvida que, para permanecer en la mente de los aficionados, es imprescindible contar con buenos guiones, personajes atrayentes, diálogos inolvidables e intensidad narrativa, algo con lo que cuentan los grandes iconos este género, desde “Blade Runner” a “Alien” o desde “Minority Report” al primer “Matrix” y que en este “Desafío total” brillan por su ausencia.

Trailer en castellano


Trailer en versión original


Datos del film:
Película: Total recall (Desafío total). Título original: Total recall (2012).
Dirección: Len Wiseman.
País: USA. Duración: 131 min. Género: Acción, ciencia-ficción.
Interpretación: Colin Farrell (Douglas Quaid), Kate Beckinsale (Lori), Jessica Biel (Melina), Bryan Cranston (Cohaagen), Bill Nighy (Matthias), John Cho (McClane).
Guion: Mark Bomback y Kurt Wimmer; basado en el relato corto “Podemos recordarlo por usted al por mayor”, de Philip K. Dick.
Producción: Toby Jaffe y Neal H. Moritz.
Música: Harry Gregson-Williams.
Fotografía: Paul Cameron.
Montaje: Christian Wagner.
Diseño de producción: Patrick Tatopoulos.
Vestuario: Sanja Milkovic Hays.

martes, 18 de septiembre de 2012

JEREMY IRONS

Jeremy Irons nació en Cowes el 19 de septiembre de 1946, una localidad de la pequeña isla de Wight, situada frente a la costa sur de Inglaterra. Se formó en la Bristol Old Vic School durante dos años y luego se unió a Bristol Old Vic Repertory Company, donde adquirió gran experiencia trabajando diversos repertorios, desde Shakespeare hasta dramas contemporáneos. Se trasladó a Londres en 1971 y realizo varios trabajos antes de abordar el papel de Juan el Bautista en el exitoso musical "Godspell". Más tarde inició una temprana y triunfal carrera en el teatro del West End y en la televisión. Debutó en el cine  con "Nijinsky" (1980), aunque su fama se forjó gracias a la serie televisiva “Retorno a Brideshead”.
En los ochenta comenzó a interpretar papeles relevantes como los de “La mujer del teniente francés” de Karel Reisz (1981), “La Misión” de Roland Joffé (1986) o “Inseparables” de David Cronenberg (1988), hasta que en 1990 protagonizó “El misterio Von Bulow” de Barbet Schroeder, por la que ganó el Oscar al mejor actor protagonista. Continuó durante años construyendo su imagen de actor de culto gracias a algunos filmes como “Herida” de Louis Malle (1992) o "M. Butterfly", otra vez a las órdenes de David Cronenberg (1993). Incluso participó en el proyecto de la Disney “El Rey León” (1994) prestando su voz al malvado Scar. A partir de entones comenzó su declive artístico. Formó parte del elenco de la tercera parte -sin duda, la peor de todas- de la saga de acción “Jungla de cristal” (1992), del de “Lolita” de Adrian Lyne (1997) o del de “El hombre de la máscara de hierro” de Randall Wallace (1998), títulos todos ellos muy por debajo del nivel al que nos tenía acostumbrados. De aquella época tan solo pueden destacarse “Belleza robada” de Bernardo Bertolucci (1996) y “La caja china” de Wayne Wang (1997) como cintas mínimamente interesantes, si bien lejos de alcanzar las cotas obtenidas entre 1980 y 1990.
El siglo XXI comenzó siendo especialmente fructífero para Irons. Buena muestra de ello la dan sus actuaciones en "La máquina del tiempo" (2002) -adaptación de la novela de H. G. Wells realizada por su propio bisnieto, Simon Wells (que hasta la fecha se había dedicado a la animación)- o "Against the Current", dando vida al escritor norteamericano Scott Fitzgerald. Con el realizador italiano Franco Zeffirelli tras la cámara compartió reparto con la francesa Fanny Ardant en "Callas Forever", película que retrata el declive de los últimos años de la gran diva de la ópera. Sus últimos trabajos han sido "Matilde" (2004), "El mercader de Venecia" (2004),  "Conociendo a Julia" (2004) -coprotagonizada por una espléndida Annette Bening- y la epopeya medieval de Ridley Scott "El reino de los cielos". En mayo de 2005 recibió el premio William Shakespeare (popularmente conocidos como "Will") por su trayectoria dentro del teatro clásico. Recientemente lo hemos podido ver en “Margin Call” de J.C. Chandor (2011), otro largometraje de cierta calidad.
Jeremy Irons está casado con la también intérprete Sinéad Cusack, hija del veterano actor Cyril Cusack, con la que tiene dos hijos, Maximilian y Samuel

A continuación, algunas escenas de sus películas:


"Herida"



 "La Misión"

 

sábado, 15 de septiembre de 2012

TODOS TENEMOS UN PLAN


Todos tenemos un plan pretende ser un thriller y, a ratos, lo consigue. Sin embargo, ni en las escenas de mayor intensidad logra desprenderse de un estilo narrativo excesivamente lento, casi apático que, cual enfermedad contagiosa, termina por extenderse por todo el metraje. Su directora, la debutante Ana Piterbarg, ha hecho una apuesta decidida por apartarse radicalmente de los elementos propios del género cinematográfico que ella misma decidió escoger para rodar su ópera prima. De hecho, la parsimonia como eje central de la filmación y los personajes abúlicos sobre los que pivota la acción no han sido los mejores ingredientes para sacar adelante este proyecto. Un modelo igual de discutible se utilizó en otra película argentina -El aura- pero, en aquella ocasión, su director Fabián Bielinsky sí consiguió compensar de sobra la aparente calma narrativa con un guion impactante y pleno de intriga. Por el contrario, Piterbarg, con la forma de un drama pausado pero con el fondo de la temática criminal, firma un largometraje que transita por tierra de nadie durante demasiados minutos, de tal manera que, cuando la proyección ofrece por fin el ritmo y la fuerza necesarios para dejar en el espectador un buen sabor de boca, el lastre inicial no evita una sensación de cierta indiferencia.
Con ello no quiero decir que la cinta no cuente con algunas bazas destacadas. Las tiene, pero su peso en la balanza no es suficiente para que el título resulte destacable. Aun así, merece la valoración de esos aspectos positivos. El mejor de ellos es su protagonista, el actor Viggo Mortensen, cuya presencia en pantalla trasciende a su mera apariencia física. Se trata sin duda alguna de un excelente intérprete capaz de abordar con soltura los papeles más dispares. Su filmografía abarca desde las aventuras épicas -El señor de los anillos- hasta los dramas más originales y excéntricos -Una historia de violencia, Promesas del este, Un método peligroso-. Bajo las órdenes del director David Cronenberg ha ofrecido sus registros más sobresalientes y sus intervenciones suelen mejorar sustancialmente los títulos en cuyo reparto figura. Todos tenemos un plan no es ninguna excepción, si bien Mortensen no puede hacer más por un personaje que, debido a las exigencias del guion, está contaminado del tono pasivo del conjunto. Sus compañeros, igualmente correctos, asumen roles bastante secundarios. Desgraciadamente, la estupenda actriz Soledad Villamil -que figura en segundo lugar en el cartel promocional- apenas actúa durante diez de los casi ciento veinte minutos que dura el film.
En definitiva, comparada con otras de mayor renombre dentro de la cinematografía sudamericana, nos hallamos claramente ante una película menor. La maestría de Juan José Campanella o la eficacia del ya citado Fabián Bielinsky han dejado el listón muy alto para el resto de los realizadores argentinos. No obstante, y teniendo en cuenta su condición novel, creo que esta joven cineasta tiene ante sí una prometedora carrera profesional. Sus breves destellos de genialidad merecen más oportunidades en el futuro.

Trailer del film


Datos del film

Película: Todos tenemos un plan.
Dirección y guion: Ana Piterbarg.
Países: España, Argentina y Alemania. Año: 2012. Duración: 117 min. Género: Drama, thriller.
Interpretación: Viggo Mortensen (Agustín / Pedro), Soledad Villamil (Claudia), Daniel Fanego (Adrián), Javier Godino (Rubén), Sofía Gala Castiglione (Rosa).
Producción: Gerardo Herrero, Mariela Besuievski, Vanessa Ragone y Viggo Mortensen.
Música: Lucio Godoy.
Fotografía: Lucio Bonelli.
Montaje: Irene Blecua y Alejandro Lázaro.
Diseño de producción: Mariela Rípodas.
Vestuario: Valentina Bari.  

lunes, 10 de septiembre de 2012

OLIVER STONE

William Oliver Stone nació en Nueva York el 15 de septiembre de 1946. Es uno de los cineastas más aclamados y premiados del cine contemporáneo y gracias a sus trabajos ha ganado tres Oscar y cinco Globos de Oro. Su padre era un agente de bolsa judío y su madre, francesa y católica. Más adelante, él se convertiría al budismo. Estudió en las universidades de Yale y de Nueva York. Participó como soldado en la guerra de Vietnam, donde fue herido dos veces. Este hecho marcó su vida y es la inspiración de algunas de sus mejores obras. De hecho, su producción cinematográfica se inspira casi siempre en hechos reales. Sus primeros contactos con la industria del cine fueron como guionista de gran éxito. Suyos son los guiones de “El expreso de medianoche”, de Alan Parker (1978), de “Conan el Bárbaro”, de John Milius (1982), y de “Scarface, el precio del poder”, de Brian De Palma (1983). Como director empezó a despuntar con “Salvador” (1986), su primer film de contenido político, en el cual seguía los pasos en del fotógrafo Rick Boyle en el país centroamericano. El actor James Woods recibiría una nominación a la estatuilla de Hollywood, así como el propio Stone, que fue candidato al mejor guión original junto al propio Boyle.
A partir de ese momento se inició su mejor época como realizador. Rodó una de sus mejores cintas, “Platoon” (1986), título antibélico ambientado precisamente en la citada guerra de Vietnam. El El largometraje resultó ser todo un éxito, obteniendo cuatro premios Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor director. Stone también sería premiado en los Globos de Oro y en el Festival de Berlín. Posteriormente estrenó “Wall Street” (1987), drama que también contaba, al igual que “Platoon”, con el actor Charlie Sheen en un papel protagonista. Michael Douglas, el co-protagonista , se llevó el Oscar y el Globo de Oro al mejor actor del año. El retorno de Vietnam desde la perspectiva de un inválido de guerra llamado Ron Kovic fue el argumento de “Nacido el cuatro de julio” (1989), un drama que volvió a resultar triunfal para Stone, quien confió el personaje principal a Tom Cruise. Stone ganó de nuevo el Oscar y el Globo de Oro en la categoría de mejor director, mientras que Cruise se tuvo que conformar con el segundo galardón como mejor actor dramático. En 1991 realizó el que, en mi opinión, es su mejor proyecto - “J.F.K. Caso Abierto”-, centrado en el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y basado en diversas fuentes literarias, entre ellas Jim Garrison, el fiscal que se encargó del asunto. El film obtuvo dos Oscar más de un total de ocho candidaturas.
Asimismo, el cineasta comenzó a producir largometrajes para otros directores, como “Acero azul” (1990) de Kathryn Bigelow, “El misterio Von Bullow” (1991) de Barbet Schroeder, “Sin salida” (1996) de Matthew Bright o “El escándalo de Larry Flint” (1996) de Milos Forman. Sin embargo, a partir de ese momento, su propia carrera empezó a descender y  nunca más volvió a brillar como en aquella etapa entre 1986 y 1991. Estrenó “The Doors” (1991), biopic del grupo de Jim Morrison contestado por los propios miembros supervivientes de la formación californiana, “El cielo y la tierra” (1993), drama que cerraba su trilogía sobre  Vietnam, “Asesinos natos” (1994), thriller basado en una historia de Quentin Tarantino, “Nixon” (1995), film político en el que se recuperaba la figura del polémico presidente estadounidense, “Giro al infierno” (1997), otro thriller según una novela de John Ridley y “Un domingo cualquiera” (1999), drama deportivo con un reparto estelar. En ninguno de dichos títulos logró alcanzar los mismos niveles de calidad de los anteriores.
Con la entrada del nuevo milenio, sus obras han resultado bastante decepcionantes. Ni “Alejandro Magno” (2004), ni “World Trade Center” (2006), ni “W” (2008), ni la segunda parte de “Wall Street” (2010) pueden compararse a sus grandes películas. Actualmente está a punto de estrenar “Salvajes” (2012) y acaba de recibir el premio Donostia en el Festival de Cine de San Sebastián.


"Platoon" (película completa)




Película J.F.K. Caso abierto (fragmento)

jueves, 6 de septiembre de 2012

LOS MERCENARIOS 2 (The Expendables 2)

La nostalgia suele conseguir que hagamos cosas que solamente con lógica no haríamos. Los mercenarios es un proyecto (ya parece incluso una saga) que nace de la nostalgia de unos actores y de unos espectadores hacia un estilo de cine de hace varias décadas, cuando Arnold Schwarzenegger (que acaba de cumplir los sesenta y cinco años) lucía corpulencia en la gran pantalla, cuando Sylvester Stallone (que acaba de cumplir los sesenta y seis) iba de Rocky a Rambo y tiro porque me toca o cuando Chuck Norris (que ya pasó hace años de los setenta) andaba por las selvas desaparecido en combate y jugando a la guerra. De eso hace ya demasiado tiempo. Por lo tanto, pretender agruparles junto con otros ilustres cincuentones como Bruce Willis, Jean Claude Van Damme o Dolph Lundgren en una muestra de género de acción en la que los tiros, las peleas, la testosterona y las explosiones están presentes casi en cada escena mientras ellos salen indemnes y los malos reciben el merecido castigo solo puede ser producto de una añoranza que les ha nublado la mente. 
Porque, con independencia de que conserven su musculatura, la posibilidad de que resulten meras caricaturas de sí mismos haga presumir que, tanto Los Mercenarios como esta secuela, no pretendan ser tomadas en serio sino como parodias encubiertas de un subgénero cinematográfico que triunfó en los ochenta. En tal caso, hasta se podría concluir que la película funciona. Obviamente, el público que acude en masa a las salas de proyección lo hace en gran medida arrastrado por la melancolía de aquellas cinta de hace treinta años por lo que, en cierta medida, se sientan en la butaca entregados de antemano y disfrutan como antaño con los rostros de sus ídolos. La cinta posee una agilidad narrativa aceptable y una correcta intensidad en lo referente a la acción. Además, si se contextualizan la trama y los protagonistas en esa mezcla de parodia y añoranza, incluso se puede compartir con ellos cierta complicidad. Porque este largometraje realmente funciona con quienes disfrutaron con títulos como Depredador, Comando, Acorralado y el sinfín de secuelas y de nuevas versiones que les sucedieron. 
En cualquier caso, puestos a hacer “homenajes” a la década de los ochenta, personalmente prefiero ejemplos como el de Super 8, que hace un año revitalizó el cine de aventuras infantil y juvenil propio de aquellos años míticos, con un magnífico Steven Spielberg detrás que, además de volver a captar aquel estilo inolvidable, lo mejoró notablemente rodando un film entretenido, divertido y hasta emotivo. 
 Así como en la primera entrega el propio Sylvester Stallone asumía la faceta de director, ésta recae ahora en Simon West, realizador bastante casposo que hasta la fecha contaba en su curriculum con cintas precarias del género como Con Air o Tomb Raider. Con esta segunda parte realiza su mejor trabajo por el momento, aunque todavía no le baste para situarse entre los mejores. Confiemos en que todo termine aquí y no terminemos dentro de un lustro viendo Los mercenarios 4 porque, de ser así, más que añoranza y parodia, habrá que tomar prestado a Amélie Nothomb el título de su novela “Estupor y temblores”.

Trailer en castellano

Trailer en versión original


Datos del film
Película: Los mercenarios 2. Título original: The expendables 2.
Dirección: Simon West.
País: USA. Año: 2012. Duración: 102 min. Género: Acción. I
nterpretación: Sylvester Stallone (Barney Ross), Jason Statham (Lee Christmas), Jet Li (Yin Yang), Dolph Lundgren (Gunner Jensen), Chuck Norris (Booker), Terry Crews (Hale Caesar), Randy Couture (Toll Road), Liam Hemsworth (Billy El Niño), Jean-Claude Van Damme (Jean Vilain), Bruce Willis (Church), Arnold Schwarzenegger (Trench), Yu Nan (Maggie).
Guion: Richard Wenk y Sylvester Stallone; basado en un argumento de David Agosto, Ken Kaufman y Richard Wenk; a partir de los personajes creados por David Callaham.
Producción: Avi Lerner, Kevin King Templeton, Led Weldon y Danny Lerner.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Shelly Johnson.
Montaje: Todd E. Miller.
Diseño de producción: Paul Cross.
Vestuario: Lizz Wolf.

lunes, 3 de septiembre de 2012

HOMENAJE A SIN PERDÓN EN EL 20º ANIVERSARIO DE SU ESTRENO (20th anniversary of the premiere of the film Unforgiven)

Este mes de septiembre se cumplen veinte años del estreno en cines de la película “Sin Perdón” (Unforgiven) de Clint Eastwood, uno de los mejores western de todos los tiempos y que revitalizó un género cinematográfico que estaba en plena decadencia en las últimas décadas. Relata la historia de William Munny (Clint Eastwood), un ex pistolero que sale de su vida tranquila al aceptar un trabajo junto a Ned Logan (Morgan Freeman), su anterior socio, un hombre muy astuto y sin reticencias a la hora de apretar el gatillo. Se les une un joven y ambicioso cazador de recompensas, interpretado por Jaimz Woolvett. Su misión consiste en acabar con los asesinos de unas prostitutas y cobrar así un suculento botín. Hasta el sheriff Little Bill Dagget (Gene Hackman) está dispuesto a meterse en el asunto, pero siempre del lado de la ley. El último pistolero atraído por la recompensa a Big Whiskey es el inglés Bob (Richard Harris), que además tiene una cuenta pendiente con el sheriff.
La película fue un éxito en todos los sentidos. A pesar de su modesto presupuesto, recaudó más de cien millones de dólares en Estados Unidos y más de ciento cincuenta a nivel mundial. Pero fue en los certámenes cinematográficos y delante la crítica donde más deslumbró. Ganó cuatro Oscar (mejor película, director, actor secundario y montaje) y generó alabanzas incondicionales. Estos son algunos comentarios de los críticos españoles: "Genial western: desmitificador y épico, sombrío y clásico, reflexivo" (Carlos Boyero: Diario El Mundo), "Obra maestra" (Juan Cavestany: Diario El País), "Brillantísimo título que revitalizó un género en aquellos momentos devaluado. Espléndida" (Fernando Morales: Diario El País).
"Sin perdón" obtuvo tales reconocimientos que el propio Eastwood afirmó que si algún día fuera a hacer un último western, éste le parecería una buena elección. Fue seleccionada por la revista Time como una de las 100 mejores películas de todos los tiempos. Se trata de un film revisionista que se aparta de los mitos del género al que pertenece y que se adapta con maestría a los nuevos tiempos. Es un largometraje pleno del característico humor ácido de Eastwood pero, a la vez, duro, complejo y sin concesiones retóricas. El ritmo conseguido es una delicia, así como la atmósfera creada por su excelente dirección y las sobresalientes interpretaciones de los actores que integran el reparto. Sus escenas llenas de lirismo y tono melancólico fascinan al espectador y contrastan con la violencia cruda y las emociones amargas que destila la película en su conjunto. En definitiva, una auténtica joya.
Después de "Sin perdón" no se ha estrenado ningún otro western que haya podido hacerle sombra. El género ha perdido muchos adeptos y continúa en decadencia. De hecho, se pueden contar con los dedos de una mano los filmes de estas características estrenados en las últimas décadas y que sean realmente dignos de mención. Tras el punto final al género que significó el descalabro de "La puerta del cielo" (Heaven's Gate, 1980) de Michael Cimino, ya nadie ha sabido dotarlo de suficiente entereza para reavivarlo de un modo firme y serio. Tan solo Kevin Costner y su "Bailando con lobos" (Dances with wolves, 1990) consechó un éxito similar. Cuando Eastwood decidió enfundarse el traje de director al realizar "Escalofrío en la noche" (Play Misty for Me, 1971) era conocido básicamente por sus facetas policíaca y de cowboy. Nada hacía presagiar entonces que escondía a un realizador que se convertiría en mito gracias a títulos como "Million Dollar Baby", "Mystic River", "Más allá de la vida", "Los puentes de Madison" o "Bird".


Escena final (en versión original)