LA PELÍCULA DE LA SEMANA

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viernes, 30 de diciembre de 2011

EL TOPO (Tinker Tailor Soldier Spy)



El escritor inglés John Le Carré ha logrado una gran repercusión con las adaptaciones cinematográficas de sus novelas de intriga y espionaje, pese a no haber obtenido con ellas tanto éxito de recaudación como sus colegas Tom Clancy –gracias a su protagonista Jack Ryan en La caza del Octubre Rojo o Juego de patriotas- o John Grisham -con La tapadera o El informe Pelícano-. No obstante, lo cierto es que posee una habilidad especial para dibujar personajes de interés e imaginar situaciones que, además del entretenimiento exigible al género, trasciende a la mera narrativa de espionaje y le consagra como uno de los autores más afamados y respetados del universo literario. Esa mayor trascendencia también se refleja en la transición de sus novelas a la gran pantalla, convertidas por lo general en excelentes producciones. Incluso las que en su día fueron calificadas negativamente por la crítica escondían razones más que suficientes para adquirir una entrada. Buen ejemplo es La casa Rusia, un film que no gustó demasiado pero que se justificaba plenamente tanto por la excelente interpretación de Michelle Pfeiffer -nominada al Globo de Oro por dicho papel- como por la maravillosa banda sonora del ya fallecido Jerry Goldsmith. Han sido otros títulos como El jardinero fiel los que le han elevado a la categoría de gran creador de historias.
Ahora, el cineasta sueco Tomas Alfredson, que encandiló a numerosos críticos profesionales con su versión europea de Déjame entrar, aborda una nueva adaptación de Le Carré en la que una vez más se acentúa el realismo, alejándose del arquetipo tradicional del cine de espías. No existen escenas de acción, ni jóvenes y atractivos agentes con smoking pidiendo Martinis en compañía de mujeres espectaculares. Es, por así decirlo, la antítesis del patrón de los servicios secretos y los complots internacionales, de modo que se gana en dramatismo y los actores pueden llevar a cabo actuaciones sobrias y verosímiles. Sin embargo, el estilo de filmación de El topo resulta excesivamente lento y pausado y supone que la proyección, aunque nunca traspase la peligrosa frontera del tedio, en ocasiones se acerque peligrosamente a él y se eche de menos un mayor nivel de intensidad y una dosis de emoción superior. En cualquier caso, es un largometraje bien ambientado y magníficamente interpretado, por lo que probablemente será del agrado de los amantes del drama político.
Su excepcional reparto está encabezado por Gary Oldman, cuyo trabajo en esta película ha sido premiado por el Círculo de Críticos Cinematográficos de San Francisco. Junto a él se encuentran Colin Firth, último ganador del Oscar al mejor actor por su papel en El discurso del rey, John Hurt, doblemente nominado a la estatuilla de Hollywood por El expreso de medianoche y El hombre elefante y Toby Jones, a quien veremos en breve en la muy interesante My Week with Marilyn. En definitiva, un casting de lujo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

THE ARTIST



Si en 2009 alguien hubiese aventurado que, apenas dos años después, la considerada como mejor película por el Círculo de Críticos de Nueva York, la más nominada para los Globos de Oro y una de las máximas favoritas para los Oscar era una producción rodada en blanco y negro, muda y realizada a imagen y semejanza de los clásicos pre sonoros de los años veinte, habría sido tildado de loco. Pero el futuro suele ser impredecible y, contra todo pronóstico, The Artist no sólo ha logrado los reconocimientos señalados anteriormente sino que su director ha sido reconocido como el mejor, además de por la asociación neoyorkina ya mencionada, por las de Washington y Boston. También su protagonista ha recibido el premio de interpretación en Festival de Cannes. En definitiva, se trata de un film que allá donde va provoca admiración y cosecha alabanzas.
Desde luego, embarcarse en un rodaje de estas características es muy meritorio. Me hubiera gustado ver las caras que su joven realizador y guionista francés tuvo que soportar cuando intentaba conseguir la financiación de tan peculiar proyecto. De entrada, Michel Hazanavicius demuestra valentía y creatividad, características que, en la actual industria cinematográfica, se encuentran en vías de extinción. El hecho es que su resultado final rebosa talento narrativo gracias a una magnífica ambientación y a un vestuario y una fotografía muy logrados que ofrecen al espectador la posibilidad de saborear nuevamente aquella forma clásica de filmar.
Planteada como si fuera una película de Buster Keaton, tanto los fotogramas donde se escriben los textos como las gesticulaciones desproporcionadas de los actores al interpretarlos, nos retrotraen a otra época, a otro mundo, a otro cine. Y todo ello, además, contando una historia emotiva y llena de interés que incluye algunos planos verdaderamente geniales. Concebida como un homenaje a los clásicos, su llegada a la cartelera ha supuesto un soplo de aire fresco y un derroche de imaginación que sólo cabe aplaudir. Y no es que yo sea de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni que el cine mudo tenía más calidad que el sonoro, ni que conviene echar continuamente la vista atrás. En absoluto. Pero algo está sucediendo en estos tiempos para que un largometraje como el que nos ocupa sea una demostración de máxima originalidad y expresión artística y constituya, a base de volver a sus inicios, una lección de cine. Pienso que, sin negar la gran importancia que tiene, no hay progreso técnico que arregle un guion mediocre, ni existen efectos especiales que compensen la falta de creatividad, ni hay sonido de calidad que valga cuando no hay nada interesante que decir.
En definitiva, esta película encantará a los amantes de los albores del séptimo arte, a los aficionados a los números musicales y, en general, a quienes disfruten con la recreación de una época tan artificial como atractiva plagada de estrellas famosas que posaban delante de los flashes, de galanes presumidos y de bellas coristas que bailaban casi hasta la parodia.

CUMPLEAÑOS DE STEVEN SPIELBERG



El 18 de diciembre cumple años Steven Spielberg. Genial director y productor, nació en Cincinnati, Ohio, en una familia judía. A lo largo de su adolescencia se hizo aficionado rodando películas de 8 mm. En 1964, a los 17 años, Spielberg escribió y dirigió su primera película independiente, una aventura de ciencia ficción de 130 minutos llamada Firelight (que más tarde inspiraría a Close Encounters of the Third Kind). Su verdadera carrera comenzó cuando ingresó en Universal Studios como pasante no remunerado, siete días a la semana y fue invitado al departamento de edición. Como interno y de evaluación de Universal Studios, Spielberg hizo su primer cortometraje para su presentación en salas, la película de 24 minutos Amblin (1968), cuyo título Spielberg más tarde utilizó para dar nombre a su productora, Amblin Entertainment.
Revolucionó el cine a partir de los años 70. El film con el que Spielberg alcanzó la fama internacional fue “Tiburón” (1975), una brillante adaptación de la novela de Peter Benchley protagonizada por Roy Scheider, Robert Shaw y Richard Dreyfuss que se convirtió en una de las películas más taquilleras del año a pesar de que el rodaje resultó ser bastante problemático y nada parecía presagiar su gran éxito.
Junto a George Lucas, Spielberg creó uno de sus personajes más recordados, Indiana Jones, el arqueólogo aventurero encarnado por Harrison Ford, actor a quien Lucas había elevado al estrellato con su personaje de Han Solo en “La guerra de las galaxias”. “En busca del arca perdida” (1981), con influencias de títulos aventureros de serie B de los años 50, volvió a llevar a lo más alto de la taquilla a Spielberg, quien logró con su siguiente proyecto, “E. T., el extraterrestre” (1982), cifras jamás alcanzadas con anterioridad en el mundo del entretenimiento, logrando auparse al primer puesto en la lista de películas con mayor recaudación de la historia del cine.
Ha sido ganador de cuatro premios de la Academia de Hollywood (tres Oscar y un premio Irving Thalberg) de un total de once nominaciones, también con cinco Globos de Oro de catorce candidaturas o con tres BAFTA. Sus películas como “La lista de Schindler”, “Salvar al Soldado Ryan”, “Minority Report”, “Munich”, lo han catapultado al selecto elenco de realizadores que, además de encandilar al público, convencen sobradamente a la crítica.
Su última película "Lincoln" acaba de recibir siete nominaciones a los Globos de Oro, incluyendo las de mejor película y director. 
El cine hoy en día no sería el mismo sin él, y por eso se merece este reconocimiento.

EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA


E.T. EL EXTRATERRESTRE


MUNICH

viernes, 16 de diciembre de 2011

JANE EYRE



Algo debe de tener la literatura romántica inglesa para que, de forma recurrente, sus títulos más famosos se adapten al cine una y otra vez. Buena muestra de ello son los casos de Jane Austen o las hermanas Charlotte y Emily Brönte, cuyas novelas publicadas a principios del siglo XIX han sido llevadas a la gran pantalla en numerosísimas ocasiones. Además, no es que las nuevas versiones ofrezcan visiones muy distintas de la misma obra, puesto que la mayoría sigue las mismas pautas y respeta idéntica estética e igual estilo narrativo. Sin embargo, jamás he leído que se trate de historias agotadas, o demasiado manidas, o con aportaciones caducas, por el hecho de tocar las mismas tramas. Por el contrario, suelen ser producciones que destacan por su cuidada dirección artística, vestuario, fotografía o banda sonora y que son un vehículo de lucimiento de actores y actrices.
Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, Emma, Cumbres borrascosas o esta Jane Eyre han sido rodadas decenas de veces en cine y televisión e incluso algunas de ellas han obtenido los más altos reconocimientos en forma de Oscars, Globos de Oro y Emmys. La universalidad de sus relatos engancha a ese público que siente atracción por esos mundos a medio camino entre lo romántico y lo opresivo, lo bucólico y lo intenso, lo poético y lo histórico. De la misma manera que las novelas continúan vendiéndose dos siglos después de haber sido escritas, los espectadores siguen comprando entradas para asistir a las desventuras de los personajes en imágenes.
En esta ocasión nos hallamos ante otro nuevo proyecto de exquisita corrección formal, que recrea la ambientación de la época como merece y que se centra en la exposición de los tipos tan bien descritos por la escritora anglosajona. Sigue fielmente las características propias de sus predecesoras, así que será del agrado de los aficionados de este, más que género, subgénero cinematográfico. Cinta de narración pausada, su principal mérito estriba en las correctas interpretaciones del equipo artístico. Todos ellos están a la altura del difícil reto que supone dar vida a unos personajes tan complejos y manidos. Sin poder calificarse como gran éxito de taquilla, lo cierto es que ha alcanzado una considerable rentabilidad, recaudando más de treinta millones de dólares en todo el mundo, sin duda una cantidad muy superior a la invertida en su realización.
Su director es casi un debutante. Se trata del norteamericano Cary Fukunaga, que ya recibiera algunos galardones en 2009 gracias al film Sin nombre, producido por los actores hispanos Gael García Bernal y Diego Luna y donde se narraban las peripecias de una joven hondureña a la búsqueda del denominado “sueño americano”. Por su parte, Jane Eyre está interpretada por la actriz australiana Mia Wasikowska, que saltó a la fama como la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton para, posteriormente, destacar en Los chicos están bien, constituyendo su trabajo lo mejor del largometraje. Le acompaña en el reparto un cada vez más maduro Jamie Bell, célebre por su participación en Billy Elliot cuando contaba con apenas trece años de edad.

jueves, 15 de diciembre de 2011

NOMINACIONES A LOS GLOBOS DE ORO 2011 (Golden Globe Nominations)



Hoy 15 de diciembre se han dado a conocer las nominaciones a los Globos de Oro. Estos galardones de cine y de televisión, creados en 1944, son otorgados por la prensa extranjera acreditada en Hollywood. Los nominados en esta ocasión en la categoría de cine son:

MEJOR PELÍCULA (DRAMA)
Los descendientes (2011)
Criadas y señoras (2011)
La invención de Hugo (2011/II)
Los idus de marzo (2011)
Moneyball: Rompiendo las reglas (2011)
War Horse (2011)

MEJOR PELÍCULA (COMEDIA O MUSICAL)
The Artist (2011)
La boda de mi mejor amiga (2011)
50/50 (2011)
Midnight in Paris (2011)
My Week with Marilyn (2011)

MEJOR ACTOR - Drama
George Clooney for Los descendientes (2011)
Leonardo DiCaprio for J. Edgar (2011)
Michael Fassbender for Shame (2011)
Ryan Gosling for Los idus de marzo (2011)
Brad Pitt for Moneyball: Rompiendo las reglas (2011)

MEJOR ACTRIZ - Drama
Glenn Close for Albert Nobbs (2011)
Viola Davis for Criadas y señoras (2011)
Rooney Mara for Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011)
Meryl Streep for La dama de hierro (2011)
Tilda Swinton for We Need to Talk About Kevin (2011)

MEJOR ACTOR – Comedia o musical
Jean Dujardin for The Artist (2011)
Brendan Gleeson for The Guard (2011)
Joseph Gordon-Levitt for 50/50 (2011)
Ryan Gosling for Crazy, Stupid, Love. (2011)
Owen Wilson for Midnight in Paris (2011)

MEJOR ACTRIZ – Comedia o musical
Jodie Foster for Un Dios Salvaje (2011)
Charlize Theron for Young Adult (2011)
Kristen Wiig for La boda de mi mejor amiga (2011)
Michelle Williams for My Week with Marilyn (2011)
Kate Winslet for Un Dios Salvaje (2011)

MEJOR ACTOR SECUNDARIO
Kenneth Branagh for My Week with Marilyn (2011)
Albert Brooks for Drive (2011)
Jonah Hill for Moneyball: Rompiendo las reglas (2011)
Viggo Mortensen for Un método peligroso (2011)
Christopher Plummer for Beginners (2010)

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
Bérénice Bejo for The Artist (2011)
Jessica Chastain for Criadas y señoras (2011)
Janet McTeer for Albert Nobbs (2011)
Octavia Spencer for Criadas y señoras (2011)
Shailene Woodley for Los descendientes (2011)

MEJOR DIRECTOR
Woody Allen for Midnight in Paris (2011)
George Clooney for Los idus de marzo (2011)
Michel Hazanavicius for The Artist (2011)
Alexander Payne for Los descendientes (2011)
Martin Scorsese for La invención de Hugo (2011/II)

MEJOR GUIÓN
The Artist (2011): Michel Hazanavicius
Los descendientes (2011): Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash
Los idus de marzo (2011): George Clooney, Grant Heslov, Beau Willimon
Midnight in Paris (2011): Woody Allen
Moneyball: Rompiendo las reglas (2011): Steven Zaillian, Aaron Sorkin, Stan Chervin

MEJOR CANCIÓN
Albert Nobbs (2011): Brian Byrne, Glenn Close("Lay Your Head Down")
Gnomeo y Julieta (2011): Elton John, Bernie Taupin("Hello Hello")
Criadas y señoras (2011): Mary J. Blige, Thomas Newman, Harvey Mason Jr., Damon Thomas("The Living Proof")
Machine Gun Preacher (2011): Chris Cornell("The Keeper")
W.E. (2011): Madonna, Julie Frost, Jimmy Harry("Masterpiece")

MEJOR BANDA SONORA
The Artist (2011): Ludovic Bource
Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011): Trent Reznor, Atticus Ross
La invención de Hugo (2011/II): Howard Shore
War Horse (2011): John Williams
W.E. (2011): Abel Korzeniowski

MEJOR FILM DE ANIMACIÓN
Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (2011)
Arthur Christmas: Operación regalo (2011)
Cars 2 (2011)
El gato con botas (2011)
Rango (2011)

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Jin líng shí san chai (2011)(China)
In the Land of Blood and Honey (2011)(USA)
Le gamin au vélo (2011)(Belgium)
Jodaeiye Nader az Simin (2011)(Iran)
La piel que habito (2011)(Spain)

jueves, 8 de diciembre de 2011

IN TIME



La filmografía del realizador Andrew Niccol demuestra su predilección por la ciencia ficción, en concreto por la visión del futuro marcado por una deshumanización estrechamente vinculada con la belleza y la perfección física. Aunque su mejor obra, El señor de la guerra, protagonizada por el actor Nicholas Cage, se aleja en muchos aspectos de esas pautas, tanto su debut tras las cámaras -la interesante Gattaca- como su siguiente película –Simone- abordan descaradamente dicho tema, que también se repite con claridad en In Time, aunque éste sea hasta la fecha su peor film. Y lo es porque, a diferencia de sus anteriores propuestas, carece de un guión sólido, de una historia bien construida y de unos personajes interesantes. Niccol, al igual que el futuro que nos predice, se rinde a la recreación del culto al cuerpo y convierte la cinta en un escaparate para que la joven actriz Amanda Seyfried luzca su anatomía con ayuda de unos cortos y ajustados vestidos y su compañero de reparto Justin Timberlake provoque los suspiros de sus fans. Desgraciadamente, la pareja no logra dar más de sí y no por falta de capacidad interpretativa, habida cuenta que en otros largometrajes han dado muestras de su buen hacer, sino porque sus personajes sólo les permiten apoyarse en sus encantos.
Estamos ante un relato apocalíptico en el que todos los habitantes de la tierra, con independencia de su edad real, aparentan veinticinco años y son muy atractivos. Cada uno lleva en su brazo un cronómetro que marca inexorablemente el momento de su muerte, de tal manera que morirán cuando el temporizador marque cero. Por esta circunstancia, en su mundo no se comercia con dinero sino con tiempo. Ante semejante panorama, con ricos que viven eternamente y pobres que mueren a corto plazo, se pretende trasladar al espectador una reflexión sobre el futuro que, por culpa de un deficiente guión, no pasa de ser un mera suma de acción y belleza. La primera no contiene la intensidad requerida por un proyecto de estas características y, en cuanto a la segunda, no basta para sostener más de noventa minutos de imágenes. Por lo tanto, y pese a la aparente originalidad de la trama, In time resulta fallida. De hecho, sus escasos méritos no han logrado satisfacer las pretensiones de un público adolescente que ha evitado pasar por taquilla. Finalizada ya su carrera comercial en Estados Unidos, ni siquiera ha recaudado la cantidad invertida para su rodaje.
Andrew Niccol se dedica ahora a las facetas de productor y guionista de la adaptación a la pantalla grande de The Host, novela de la autora de la saga de Crepúsculo Stephenie Meyer. La prometedora Saoirse Ronan encabeza el reparto, siendo 2013 el año previsto para su estreno. Si el director neozelandés logra recuperar el crédito profesional de sus inicios, es posible que el resultado sea interesante pero si insiste en emplear la estética de videoclip - correcta en cuanto a la técnica pero vacía en su contenido- asistiremos al declive de quien fue considerado a finales de los años noventa como un cineasta a tener en cuenta.

domingo, 4 de diciembre de 2011

PREMIOS DE LA ACADEMIA DEL CINE EUROPEO 2011



El pasado día 3 de diciembre se celebró la gala de la 24ª edición de los Premios de Cine Europeo en Berlín. Los premios han estado muy repartidos aunque ha sido Melancolía, de Lars von Trier, la que se ha alzado con el premio a la mejor película, además del de fotografía y dirección artística. Además la Academia europea ha dado premios importantes a dos películas que consiguieron varios Oscar de la Academia de Hollywood en la ceremonia de hace diez meses. El discurso del rey (cuatro Oscar, incluyendo mejor película) ha conseguido dos premios oficiales (actor para Colin Firth y montaje), más el del público, y En un mundo mejor (un oscar), el galardón a la mejor dirección para la también danesa Susanne Bier.

Mejor película
'Melancolía' de Lars Von Trier

Mejor director
Susanne Bier por 'En un mundo mejor'

Mejor actor
Colin Firth por 'El discurso del Rey'

Mejor actriz
Tilda Swinton por 'We need to talk about Kevin'

Mejor película de animación
'Chico & Rita'

Mejor guión
'El niño de la bicicleta' de Jean-Pierre & Luc Dardenne

Mejor compositor
Ludovic Bource, por "The Artist'

Mejor fotografía
Manuel Alberto Claro por 'Melancolía'

Mejor dirección artística
Jette Lehmann por 'Melancolía'

Mejor montaje
Tariq Anwar por 'El discurso del rey'

Mejor documental
'Pina' de Wim Wenders

Premio Fipresci a la mejor película novel
Oxygen de Hans Van Huffel

Premio especial al conjunto de su carrera
Stephen Frears

Premio especial del Jurado
Michel Piccoli

Premio especial a la contribución artística internacional
Madds Mikkelsen

Premio Eurimages
Mariela Besuievsky

Premio del público (no oficial)
'El discurso del Rey'

Mejor cortometraje
The Wholly family, de Terry Gilliam

viernes, 2 de diciembre de 2011

UN MÉTODO PELIGROSO (A Dangerous Method)



Si había un cineasta apropiado para plasmar el complejo y enrevesado mundo del psicoanálisis de Sigmund Freud y el nada convencional triángulo que formó con su colega Carl Jung y la paciente Sabina Spielrein, ese era David Cronenberg. Saltó a la fama en 1986 con la película La mosca y su filmografía siempre ha estado marcada por producciones de difícil clasificación, siguiendo una línea nada convencional que le reportaba un reducido número de fieles seguidores frente a una mayoría que veía cintas como Crash, eXistenZ o Spider sin entender bien el universo personal del canadiense, por lo que, con la excepción de la ya citada La mosca, sus resultados en taquilla eran siempre discretos. Sin embargo, ha tenido a su favor dos notas importantes para un artista: la originalidad para desmarcarse de gran parte de otras producciones y la valentía para reflejar su peculiar visión cinematográfica. Para mí, su mejor trabajo es Una historia de violencia. Gracias a un excelente guión y a unas magníficas interpretaciones logró rodar una trama intensa, compleja y entretenida, prescindiendo de muchas de sus excentricidades que, a mi juicio, lastran sus proyectos en gran medida.
Un método peligroso es un buen largometraje cuyos principales méritos radican en unos grandes actores que llevan a cabo un estupendo trabajo, en una correcta ambientación, en una destacada banda sonora de Howard Shore y en una historia extraña que pretende introducirse en los deseos más inconfesables del ser humano. Esos mimbres le bastan a Cronenberg para firmar un film correcto que va de menos a más y que alcanza sus mejores momentos cuando se centra en la evolución de los personajes y en sus sentimientos. Sin embargo, sus puntos débiles se localizan en la primera parte de la proyección, cuando trata de dar relevancia a los aspectos científicos y médicos de los tratamientos psiquiátricos. Ahí, el director se deja arrastrar por el lado más sórdido de la trama que, pese a que pueda venderse como un aliciente para los espectadores, en mi opinión se convierte en el tramo más vacío de la película. Pero, por encima de todo eso, queda un relato basado en acontecimientos y personajes reales que refleja el devenir de ellos tres y, particularmente, en qué derivó finalmente la relación entre Sabina Spielrein y Carl Jung, pasando la primera de ser paciente a, prácticamente, médico del segundo.
Como ya he señalado, sobresale el trío de intérpretes. La gran actriz Keira Knightley se implica a fondo en dar vida a un personaje complejo, mientras que Viggo Mortensen, con un papel más secundario, exhibe su gran presencia en la pantalla. Por su parte, el actor Michael Fassbender lleva a cabo su mejor interpretación hasta la fecha. David Cronenberg ha terminado de rodar recientemente su próximo título, Cosmopolis, que se estrenará en 2012. El famoso protagonista de la saga Crepúsculo Robert Pattinson, acompañado de otros compañeros más consagrados como Paul Giamatti y Juliette Binoche, integran el reparto. Seguro que, cuando menos, será un trabajo original.

jueves, 1 de diciembre de 2011

SEIS PUNTOS SOBRE EMMA



Ya desde el pasado año tuve la sensación de que las nominaciones al Goya a la mejor dirección novel presentaban mayor interés y calidad que otras categorías supuestamente más relevantes. Así, tanto David Pinillos, el ganador de este galardón reservado a los debutantes, como su cinta Bon appétit, me parecieron de lo mejor del cine español del 2010. De hecho, la trama y los personajes superaban con creces los de la terna de candidatos a mejor película. Sospecho que la próxima edición del certamen no va a ser muy diferente, dado que operas primas como Eva de Kike Maíllo o esta Seis puntos sobre Emma de Roberto Pérez Toledo aportan a la cinematografía nacional mayor frescura, originalidad, intensidad y brillantez que otros títulos de directores que acaparan mayor popularidad mediática.
En cuanto a Pérez Toledo, se trata de un joven realizador nacido en Lanzarote que, para sacar adelante su primer proyecto, se ha hecho cargo tanto del guión como de la dirección. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Salamanca, ha rodado varios cortos, entre ellos, Los gritones, que ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival “Notodofilmfest”.
Seis puntos sobre Emma relata la historia de una chica invidente, obsesionada con ser madre, que se ve envuelta en un triángulo sentimental de difícil control.
La interpretación de ambos protagonistas constituye el plato fuerte del largometraje, que se centra en ellos y les ofrece un amplio abanico de conflictos y de encrucijadas personales. Pese a estar salpicado de toques de humor, es un drama interesante y bien narrado pero, como todo debut, también tiene sus sombras. El desnivel de calidad entre la pareja principal y el resto de intérpretes es notable, así como el hecho de que algunos flecos de la historia quedan sin resolver. Pero, en todo caso, son vicios menores que no empañan una obra recomendable en su conjunto y que agradará a los aficionados al análisis de los conflictos interiores y emocionales del ser humano.
Rodada íntegramente en Tenerife, los habitantes de la isla reconocerán los exteriores a la perfección, si bien lo esencial es el viaje hacia sí mismos de la propia Emma -la joven ciega- y de Germán, el psicólogo que la guía dentro de su grupo de autoayuda. Tanto Verónica Echegui como el lagunero Álex García merecen una especial mención, ya que sobre sus interpretaciones descansan los pilares centrales de la película y, por lo tanto, a ellos se debe en gran medida su buen funcionamiento. La actriz saltó a la fama gracias a su papel en Yo soy la Juani de Bigas Luna, mientras que él debe su actual popularidad a su participación en la serie televisiva Tierra de Lobos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

CARY GRANT: HOMENAJE EN EL ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO



El 29 de noviembre falleció del actor Cary Grant. Su verdadero nombre era Archibald Alexander Leach y empezó su carrera en el teatro hasta que, en los años 30, comenzó a trabajar para los grandes estudios. Se convirtió en uno de los intérpretes más carismáticos y queridos por el público y colaboró profesionalmente con los más destacados directores. Títulos como “Historias de Filadelfia” de George Cukor, “La fiera de mi niña” de Howard Hawks, “Sospecha”, “Encadenados” “Con la muerte en los talones” y “Atrapa un ladrón” de Alfred Hitchcock, “Arsénico por compasión” de Frank Capra, “Tú y yo” de Leo McCarey o “Charada” de Stanley Donen le convirtieron en uno de los galanes más emblemáticos de la historia del cine y mantiene su nombre unido por derecho propio a la época dorada de Hollywood.

Finalizó su carrera interpretativa a finales de los años sesenta. Cuando en cierta ocasión un entrevistador le comentó que "a todo el mundo le gustaría ser como Cary Grant", el actor replicó "A mí también". Alfred Hitchcok dijo de él que "podría actuar con un huevo podrido en la cara y seguir pareciendo tan fascinante como siempre". A lo largo de su vida, Grant se casó cinco veces, siendo su penúltima esposa la también actriz Dyan Cannon, con quien tuvo a su única hija. A pesar de la oposición paterna a que siguiera sus pasos en la profesión, Jennifer Grant se convirtió en actriz a la muerte de su padre, aunque nunca alcanzó el éxito de éste.

Cary Grant recibió un Oscar honorifico en 1970, junto a dos nominaciones a la estatuilla dorada por sus papeles de “Un corazón en peligro” y “Serenata nostálgica” y otras cinco a los Globos de Oro.
Sirvan estos dos fragmentos de película como homenaje a su figura:

CHARADA:
ENCADENADOS:

jueves, 24 de noviembre de 2011

UN DIOS SALVAJE (Carnage)



Roman Polanski es uno de los cineastas europeos con mayor repercusión a nivel mundial y particularmente dentro de la complicada industria cinematográfica norteamericana. Ganador de un Oscar al mejor director por El pianista y candidato en otras cuatro ocasiones a la preciada estatuilla, cuenta en su filmografía con títulos tan relevantes como La semilla del diablo, Chinatown o, más recientemente, El escritor. Ha ganado los máximos galardones de los principales festivales del Viejo Continente -Cannes, Venecia y Berlín-, así como los Premios del Cine Europeo. Es cierto que su carrera profesional se ha visto profundamente marcada por tragedias personales y por problemas judiciales, lo que ha provocado lapsos de inactividad en su más de medio siglo detrás de las cámaras. También ha firmado proyectos impropios de la calidad y brillantez que se le supone, aunque esta circunstancia no ha impedido que se haya ganado un puesto entre el elenco de los realizadores europeos más prestigiosos de la historia del séptimo arte.
Si bien su trayectoria durante la década de los noventa presagiara en el parisino una decadencia sin vuelta atrás, con cintas como Lunas de hiel o La novena puerta, parece que la entrada en el nuevo milenio le ha rejuvenecido o, en su caso, ha encauzado mejor su envejecimiento, puesto que ha recuperado en buena medida su mejor versión. Tras dirigir algunos destacados largometrajes como los ya citados El pianista y El escritor, presenta ahora Un dios salvaje, cuyo guión escribió en Suiza bajo arresto domiciliario y que rodó en París, ante la imposibilidad de poder pisar suelo norteamericano debido a sus cuentas pendientes con la justicia. A pesar de todo, el resultado final no se resiente por tan peculiares contingencias y, al final, se convierte en una muy interesante propuesta artística.
Cuenta la historia dos parejas de padres que, ante una pelea mantenida entre sus respectivos hijos, tratan de solucionar el conflicto por la vía del diálogo. Las formas de ser y los propios prejuicios de los progenitores transforman la reconciliación en una batalla dialéctica sumamente didáctica para el espectador. Gracias a un guión ágil, divertido y ácido -casi corrosivo-, Polanski rememora en algunas escenas al film de Mike Nichols Quien teme a Virginia Woolf, sobre todo en lo que se refiere al ambiente opresor generado por el encierro de unas personas entre cuatro paredes y que termina por hacerlas explotar y sacar el diablo que llevan dentro. Pese a encuadrarse claramente en el género de comedia, Un dios salvaje es una vía perfecta de reflexión sobre la hipocresía social y la verdadera naturaleza del ser humano. En apenas una hora y veinte minutos de proyección, asistimos a un espectáculo brillante pleno de diálogos intensos e interpretaciones lúcidas. Sin duda, una cinta agradable de ver y, si me apuran, hasta necesaria.
El reparto es inmejorable, si se tiene en cuenta que entre los cuatro protagonistas suman cuatro Oscar y ocho nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood. Jodie Foster, Kate Winslet, John C. Reilly y Christoph Waltz justifican, por sí solos, la visión del film. Sus interpretaciones son fantásticas y, mientras ellos asumen el peso de la parte cómica, ellas se encargan de la dramática, conformando en conjunto un cuarteto en estado de gracia.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA GRAN AVENTURA DE WINTER EL DELFÍN (Dolphin Tale)



Tras varias semanas con un cúmulo de interesantes largometrajes que llegaban a nuestra cartelera, ahora les ha llegado el turno a otras películas menos relevantes. Sin ir más lejos, el pasado viernes tuve que rebuscar bastante entre propuestas de segundo nivel para decantarme por un film de estreno. De entre ese elenco de cintas que pasan más desapercibidas, La gran aventura de Winter el delfín se presenta como una producción de una cierta repercusión en el mercado norteamericano, ya que obtuvo a principios de octubre el número uno de la taquilla en su segunda semana en cartel, recaudando hasta la fecha setenta millones de dólares, aproximadamente el doble de su presupuesto.
Se trata de una historia basada en hechos reales que cuenta, de forma edulcorada y tierna, la relación entre un niño y un delfín herido y los esfuerzos, tanto del muchacho como de unos médicos, para lograr su recuperación. La trama recuerda mucho a otras similares, como las de la saga de Liberad a Willy, también de una notable rentabilidad económica. Sin obviar que puede resultar una vía ideal para que los pequeños presencien ejemplos de buenos sentimientos, superación ante la adversidad y final feliz, el principal problema estriba en que este proyecto se dirige exclusivamente a quienes puedan sentirse atraídos por estas propuestas eminentemente infantiles, por lo que acaban siendo excesivamente blandas, previsibles y cursis a medida que la edad del espectador aumenta.
Su director, Charles Martin Smith, presenta una doble faceta profesional bien diferenciada. Como realizador suele abordar un género cinematográfico dirigido a la infancia en el que los animales son los protagonistas principales. Así, en el año 1997 fue el responsable de Air Bud, en la que un perro jugaba al baloncesto. Sin embargo, cuando se dedica a la interpretación – siempre, por cierto, en papeles secundarios- aparece en títulos nada infantiles como Los intocables de Elliot Ness, Starman o Labios ardientes. En todo caso, y centrándonos en La gran aventura de Winter el delfín, su labor ha de calificarse de nada creativa, plana y carente de un sello personal.
En compensación, los actores que integran el reparto son muy conocidos para el gran público. Es el caso de Morgan Freeman, excelente intérprete ganador de un Oscar por Million Dollar Baby y nominado asimismo a otras estatuillas doradas por Invictus, Cadena perpetua, Paseando a Miss Daisy y El reportero de la calle 42. En su filmografía figuran algunas obras de obligada visión como Sin perdón o Seven. Le acompaña el magnífico cantante Harry Connick Jr., popular por las canciones de El padrino Parte III o Cuando Harry encontró a Sally y que, de cuando en cuando y con menor fortuna que la musical, ejerce como actor. En el apartado femenino, el protagonismo recae sobre la siempre correcta Ashley Judd, que alcanzó la fama en la década de los noventa gracias a Heat, Tiempo de matar o Doble traición.

viernes, 11 de noviembre de 2011

MELANCOLÍA (Melancholia)



Lars Von Trier está considerado como el director danés más importante desde Carl Theodor Dreyer. En mi opinión, sus comienzos profesionales fueron muy prometedores gracias a títulos como Europa, Rompiendo las olas o Bailar en la oscuridad. Todos estos largometrajes resultaban extraños y de compleja visión debido a su densidad y a la lentitud de la narración. El interés que despertaban sus personajes, sobre todo femeninos, explicaba que sus actrices fueran acreedoras de numerosos premios y reconocimientos. Comprar una entrada para una película de este realizador equivalía a asumir que no ibas a ver un trabajo convencional, que su visión artística no se parecía a ninguna otra y que, casi siempre, iba a exigir un esfuerzo al espectador para poder seguir la trama. Ello le supuso concentrar en dos bloques irreconciliables a sus devotos seguidores y a sus fieles detractores. En el plazo de tiempo que va de principios de la década de los noventa hasta el año 2000, los proyectos de Von Trier podían ser considerados, como mínimo, originales e innovadores, a la vez que caracterizados por las sorprendentes y memorables actuaciones de sus actores.
Pero algo pasó después que me lleva a afirmar, aun a riesgo de equivocarme, que el cineasta evolucionó negativamente, convirtiéndose en una especie de visionario revolucionario al que su obsesión por unas filosofías muy personales le hizo perder el norte. Sus siguientes cintas estaban presididas por una estética errática que tan sólo producía rechazo. Sin ir más lejos, los decorados de Dogville, que algún crítico calificó de creación artística de obligada visión obligada, constituían la negación misma del cine. Para colmo de males, sus personajes comenzaron a perder interés debido a su alejamiento de la realidad y a su conversión en absurdos espectros salidos de pesadillas surrealistas. En definitiva, el director europeo ha terminado por crear un universo personal de difícil acceso (en mi caso, imposible) y firmando obras que tal vez tengan algún sentido en su mente pero que, desde luego en la mía y en la de la mayor parte de su público, no tienen absolutamente ninguno.
Melancolía se inicia con una presentación musical de ocho minutos de duración acompañada de una serie de imágenes rodadas a cámara lenta y carentes de diálogos y de explicación. Cuenta a su favor con dos grandes bazas que son, por un lado unos atractivos personajes a los que se les puede sacar mucho jugo y, por otro, unos intérpretes en estado de gracia que lo dan todo en pantalla. Pero posee igualmente demasiados argumentos en contra. A su habitual lentitud narrativa se suman la interminable filmación de secuencias claramente prescindibles, un desarrollo de la trama sumamente incomprensible y el intento fallido de reunir un drama de carácter personal y familiar con un elemento entre la ciencia ficción y el género de catástrofes en forma de colisión de dos planetas. ¿Qué historia quería contar realmente Lars Von Trier? ¿Qué pretendía transmitir a los espectadores? ¿Tiene algún sentido lo que nos ofrece? Solo él lo sabe. Desde luego, yo no puedo contestar a ninguna de las tres cuestiones ya que el cineasta danés se me ha vuelto indigesto e indescifrable.
Lo mejor de Melancolía es, sin lugar a dudas, Kirsten Dunst, que obtuvo por este papel el premio a la mejor actriz en el último Festival de Cannes. Está verdaderamente magnífica reflejando felicidad y tristeza a partes iguales. Siempre dota a sus interpretaciones de un algo especial –recuérdese en Elizabethtown, película fallida en su conjunto pero cuyas escenas protagonizadas por la actriz le otorgaban una magia que impulsaba a verla una y otra vez. En concreto la última de todas, cuando propone a su compañero un final alternativo, es, probablemente, uno de los finales más románticos y optimistas que he visto nunca en una sala de proyección.

martes, 8 de noviembre de 2011

FOOTLOOSE (2011)



Decía el poeta y ensayista británico Samuel Johnson que nadie podía llegar a ser grande copiando o imitando. Otra célebre cita, en este caso del norteamericano Robert Frost y mencionada por el actor Robin Williams en la estupenda película El club de los poetas muertos, afirma “tenía la oportunidad de ir por dos caminos y elegí el menos transitado”. Desgraciadamente, el rumbo que están tomando buena parte de las productoras estadounidenses se aleja ostensiblemente de esas ideas. Se limitan a copiar, a imitar lo que han hecho otros, a transitar por caminos ya recorridos, como si el miedo a explorar nuevas ideas, nuevos personajes, nuevos planteamientos les petrificara. Se limitan, en la mayoría de los casos, a repetir fórmulas usadas con anterioridad y que han tenido éxito, exprimiéndolas tanto que terminan por esquilmarlo todo. Quieren la seguridad del triunfo en la taquilla, olvidando que, como dijo el militar Douglas MacArthur, “en este mundo no hay seguridad, solo oportunidad” y quienes toman las decisiones desaprovechan esas oportunidades buscando la tranquilidad que proporciona el seguir los pasos de otros.
Bajo excusas de lo más variopintas, se limitan a filmar lo que otros profesionales ya han rodado. Desde justificarse manifestando que es un homenaje al director copiado, hasta intentar convencer de que, en realidad, es un modo de celebrar el veinticinco o el treinta aniversario de su estreno.
Ahora le ha tocado el turno a Footloose, película que en el año 1984 fue un éxito sorpresa (costó ocho millones de dólares y recaudó solo en Estados Unidos más de ochenta) y que fue dirigida en aquel entonces por Herbert Ross, realizador que poseía una nominación al Oscar por su trabajo en Paso decisivo. Se trataba de un film bastante simple pero que logró conectar con buena parte de público adolescente de la época, lanzando al estrellato a un joven Kevin Bacon. Su pegadiza canción, que a día de hoy aún suele escucharse en las radios, optó a la estatuilla de Hollywood. Si la cinta tuvo alguna razón de ser en los ochenta, es obvio que en la actualidad no tenía sentido alguno hacer un remake, ya que es prescindible, vulgar, repetitiva y no aporta nada nuevo a la historia. En todo caso, los nostálgicos de primer Footloose disfrutarán mucho más alquilando el original que viendo esta versión actual.
Craig Brewer, que sorprendió en 2006 con el largometraje Hustle & Flow, obteniendo un Oscar de dos nominaciones, es el responsable de la dirección, aunque aquellas expectativas de hallarnos ante un realizador valiente y original no se han cumplido, dado que con este producto mediocre, sin trama ni personajes de interés, da un gigantesco paso atrás. El psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung defendía que los seres humanos nacemos originales y morimos copias. El séptimo arte también nació original pero, a este paso, morirá convertido en una interminable copia. Es la vía por la que optado la industria hollywoodiense, la de las secuelas, precuelas y remakes. Y es una auténtica pena.

viernes, 4 de noviembre de 2011

CRIADAS Y SEÑORAS (The Help)



Si se preguntan cuál ha sido la película de 2011 que más semanas ha ocupado el número uno de la taquilla norteamericana, pensarán probablemente en alguna de las costosísimas superproducciones estrenadas en la gran pantalla. Les vendrán a la mente las terceras, cuartas o enésimas entregas de sagas de piratas, magos infantiles o robots transformables. Pero no. En realidad, la cinta que, con más de ciento setenta millones de dólares tan sólo en el mercado estadounidense, ha liderado por más tiempo la recaudación, es una modesta producción de apenas veinticinco millones de dólares de presupuesto. No es una circunstancia común pero, a veces, el cine tiene estas cosas. Largometrajes que se arriesgan a una acogida más bien mediocre por parte del público, conectan con éste de tal forma que se convierten en la sorpresa del año. En 2011, esa sorpresa ha recaído sobre Criadas y señoras, film que trata el espinoso tema del racismo en Estados Unidos, escrito y dirigido por el desconocido Tate Taylor. Llegó el pasado verano a las salas de proyección, compartiendo cartelera con grandes títulos de acción y aventuras caracterizados por sus escandalosas inversiones tanto de producción como de promoción. En otras palabras, tenía todas las papeletas para pasar desapercibida e intentar, a lo sumo, alcanzar cierta rentabilidad en el mercado del video, pero no ha sido así. Por el contrario, ha obtenido recaudaciones millonarias y, además, ha calado bien hondo en los pilares de la cultura norteamericana. De hecho, la novela en que se basa es ahora mismo la más vendida en el país norteamericano.
La explicación se halla en la feliz coincidencia de una historia interesante, un guión inteligente, una plasmación dramática y agridulce de fácil visión y unos actores versátiles que realizan bien su trabajo. Dicho esto, el motivo último de esa intensa conexión con los espectadores continúa siendo un misterio, habida cuenta que sobran multitud de buenos trabajos a los que el público les da la espalda y que terminan olvidados por todos.
Criadas y señoras gustará fundamentalmente a los amantes de los melodramas convencionales, sentimentales e históricos. Es la historia de un grupo de mujeres blancas y negras que luchan juntas para superar la separación que, por razones de raza, les impone la sociedad en la que les ha tocado vivir. Con un espíritu humano de libertad y rebeldía, quieren enfrentarse al sufrimiento y a la injusticia para poder cambiar actitudes como el odio interracial, el sometimiento de la mujer al hombre o la negativa de la sociedad conservadora a evolucionar con los tiempos. Un sólido guión, unos personajes interesantes y unas correctas interpretaciones explican el extraordinario éxito de esta película y son la prueba del triunfo de la calidad. Lo que debería resultar sorprendente es que, como es habitual, films horrorosos lo conquisten todo mientras pequeñas joyas pasan desapercibidas.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (The Adventures of Tintin)



Cuenta el propio Steven Spielberg que su interés por el personaje de Tintín se inició en el año 1981, cuando intentó leer en un revista francesa una crítica de En busca del arca perdida. Por el diferente idioma no entendió nada, pero se extrañó de que, en el artículo, no paraba de salir el nombre de Tintín. Por curiosidad mandó traducir el texto y, en resumen, el escritor afirmaba, tras ver la primera entrega de las aventuras de Indiana Jones, que Spielberg debía de haber leído todos los comic de Hergé, porque consideraba que su film era un homenaje al personaje creado por el dibujante belga. Obviamente no era cierto pero, sorprendido, el director norteamericano mandó comprar todos los libros de Tintín y, tras leerlos, sintió el deseo de hacer un largometraje sobre él.
Treinta años después de que germinara ese interés se estrena el visionario proyecto de este genial director que cuenta con numerosos puntos de interés. Su realización técnica, más allá de la perfección y originalidad, sirve a crear una atmósfera ideal en donde cobra sentido el universo que Hergé inventó para su más famoso personaje. Desde los títulos de crédito hasta el final queda patente que estamos ante la obra de un gran cineasta que se resigna a dejar de ser niño, que ama el cine de entretenimiento y, sobre todo, que nos ofrece a los demás argumentos para apuntarnos a rememorar nuestras décadas pasadas, cuando disfrutábamos simplemente con la lectura de las peripecias de un joven periodista intrépido y su elenco de pintorescos personajes que le acompañaban.
Pese al error inicial de aquel escritor francés que propició el primer encuentro entre Spielberg y Tintín, en realidad no iba tan desencaminado. Al menos el estilo ágil y divertido de Indiana Jones impregna también esta obra a medio camino entre la animación y la filmación en imagen real. No es una adaptación fiel de la obra del dibujante belga y quizá por eso más de un purista critique la libre visión que viene de Norteamérica pero, prescindiendo de ese dato a mi juicio irrelevante, yo me quedo con el retorno del Spielberg inicial, antes de que su arte lo dedicase a plasmar en obras maestras sus reflexiones sobre el nazismo, la segunda guerra mundial o el terrorismo de Estado, mucho antes, había un personaje que tenía un mundo interior lleno de aventuras y buenos sentimientos. El director de E.T. el extraterrestre se empeña en que nosotros también regresemos a nuestro pasado pero con la tecnología más puntera y moderna y con un espectáculo visual novedoso. Ahora solo queda que el espectador quiera volver a la infancia, pero eso es una decisión personal de cada uno.
Y lo mejor de todo es que junto con Steven Spielberg vuelve todo su equipo. Retorna John Williams en la banda sonora tras varios años retirado, el gran maestro de la música cinematográfica y la persona viva con más nominaciones al Oscar. Michael Kahn en la edición y Janusz Kaminski como director de fotografía. Solo entre estos tres nombres acumulan cincuenta y seis nominaciones al Oscar y diez estatuillas. Es otro nivel.

jueves, 27 de octubre de 2011

MARGIN CALL



En febrero del presente año Charles Ferguson ganó un Oscar con Inside Job, interesante y muy revelador documental sobre el origen de la crisis financiera que arrasó, como si de un tsunami se tratase, con las economías tanto de ciudadanos particulares como de pequeñas sociedades y hasta de los propios Estados. Narrada en su versión original por el actor Matt Damon, desvelaba no solo las atrocidades cometidas por los altos directivos de bancos y sociedades de inversión sino, además, la absoluta complicidad de las autoridades políticas y de las instituciones que supuestamente debían controlar esas prácticas. Porque el hecho cierto es que, o bien autorizaron o bien miraron a otro lado, ante lo que era una bomba de relojería que estallaría a buen seguro pero que nunca salpicaría a sus responsables.
Ahora, el joven y desconocido realizador J.C. Chandor debuta en la dirección con Margin Call para contar en clave de ficción los comportamientos de un grupo de directivos y empleados de una entidad financiera de inversiones en el inicio de la crisis de 2008. Comparte muchos de los méritos de otras cintas con las que guarda relación, como los diálogos brillantes y la recreación de las tensiones laborales expuestas en la siempre recomendable Glengarry Glen Ross –dirigida en 1922 por James Foley y subtitulada en nuestro país Éxito a cualquier precio- y el ritmo intenso y la plasmación del cínico mundo de las altas finanzas reflejado en Wall Street de Oliver Stone.
La trama transcurre a lo largo de veinticuatro fatídicas horas en las que se reflexiona sobre la codicia, los conflictos morales y la impunidad de las malas acciones. Desde el punto de vista cinematográfico, todas las cuestiones se abordan de modo profesional y sin prescindir del entretenimiento. Sorprende que un cineasta novel se desenvuelva con tanta soltura ante una temática tan compleja pero finalmente sella un notable largometraje que gustará a los aficionados a las intrigas contemporáneas y, sobre todo, a quienes disfruten con los enfrentamientos dialécticos de los personajes. Si, además, sirve para concienciar a los ciudadanos acerca de la completa ineficacia de las políticas de control sobre las grandes entidades financieras y sobre la indigna y manifiesta impunidad de los verdaderos causantes de esta crisis, mejor que mejor. Pero como mera experiencia cinematográfica, dejando a un lado las reflexiones morales, merece la pena su visionado ya que se trata de una propuesta bien elaborada.
Uno de sus principales atractivos reside en el casting, integrado por excelentes actores de la talla del siempre versátil y eficaz Kevin Spacey (doblemente galardonado con el Oscar por Sospechosos habituales y American Beauty), Jeremy Irons (poseedor también de una estatuilla por su interpretación en El misterio Von Bulow y que, pese a una carrera más errática, demuestra su incuestionable calidad), Simon Baker (conocido gracias a las series televisivas El Guardián y El mentalista) o Paul Bettany (Una mente maravillosa, Master and Commander). Todos ellos completan unas actuaciones muy destacadas.

viernes, 21 de octubre de 2011

CONTAGIO (Contagion)



Dentro de la industria del séptimo arte, el cineasta norteamericano Steven Soderbergh puede ser considerado un auténtico todoterreno. Realiza, produce, escribe e, incluso en ocasiones, y bajo el seudónimo de Peter Andrews, se atreve como director de fotografía. Referente indiscutible del denominado cine independiente, participa asimismo en destacados proyectos financiados por las grandes productoras hollywoodienses y aúna reconocimientos y galardones tanto por filmes más minoritarios como por sus largometrajes plagados de estrellas que se traducen en enormes éxitos de taquilla. Es tan capaz de rodar una cinta de claros tintes reivindicativos y políticos como otra de puro y simple entretenimiento. En su filmografía coexisten obras maestras como Traffic (ganadora de cuatro Oscar, incluido uno para el propio Soderbergh como mejor director), títulos muy notables como Sexo, mentiras y cintas de video (por la que logró otra nominación a los premios de la Academia de Hollywood y varios reconocimientos en el festival de Cannes) e interesantes producciones como Solaris o Un romance muy peligroso. Y aunque es igualmente responsable de otros proyectos inferiores cualitativamente hablando, ello no empaña su actitud de riesgo y sus patentes intentos de originalidad cuando se enfrenta a nuevas propuestas.
En esta ocasión, y valiéndose de una estética próxima al documental, nos presenta una historia agobiante que recrea la situación de caos que se genera por la propagación de un virus mortal que afecta a la población mundial. Prescindiendo de las reglas narrativas tradicionales propias de la ficción, desarrolla la trama como si de un programa de investigación se tratase. Es un modo de rodar que ya utilizó en Traffic, basado en constantes cambios en el color de las imágenes en función de los ambientes que se pretende recrear, pero que aquí lleva al extremo. Su realismo incontestable recuerda a otros ejemplos similares como United 93 de Paul Greengrass y, por ello, quizá no guste a quienes busquen un mero espectáculo o una muestra de evasión puramente comercial. En Contagio no prima la acción, ni la espectacularidad, ni los efectos especiales. Sin embargo, los sibaritas de la tensión vivida en las salas de proyección hallarán un compendio de calidad y de originalidad. Soderbergh sitúa al espectador frente a una situación caótica en la que los seres humanos, sobrepasados por los acontecimientos, regresan a su visión más primitiva e individualista de la vida. En definitiva, le muestra lo ridícula y endeble que es la sensación de seguridad, comodidad y orden que impregna nuestra sociedad. En ese sentido, se aleja del tradicional “cine de catástrofes” rodado hasta la fecha, puesto que no ofrece el entretenimiento propio de este subgénero. Simplemente, disfruta mostrando al público la escasa distancia que le separa del abismo.
El equipo artístico está formado por intérpretes de primerísima fila que van desde Matt Damon a Marion Cotillard, pasando por Gwyneth Paltrow y Kate Winslet, entre otros. Todos ellos han ganado algún Oscar y están desarrollando en los últimos tiempos unas carreras profesionales auténticamente de lujo.

viernes, 14 de octubre de 2011

CRAZY, STUPID, LOVE



Que la comedia norteamericana no pasa por un buen momento es una realidad innegable. Basta repasar los largometrajes de los últimos años nominados al Globo de Oro a la mejor comedia para percatarse de que algunos terminan por alzarse con la nominación debido a la necesidad de seleccionar a toda costa cinco títulos para completar la plancha. En general, las propuestas cinematográficas financiadas por los grandes estudios resultan superfluas y repetitivas y sus guiones carecen de originalidad e inteligencia. Sin embargo, eventualmente se encuentran pequeños oasis en este tremendo desierto. Sin alcanzar la cota de genialidad de Jason Reitman o de Alexander Payne (las verdaderas esperanzas de la comedia norteamericana moderna), la pareja formada por los directores Glenn Ficarra y John Requa tiende a desmarcarse de la mediocridad que reina en el género. Y no es que sus cintas sean especialmente notables pero, al menos, su tipo de comicidad reviste una mayor calidad. Ya se sabe que, en el país de los ciegos, el tuerto es rey.
En 2009 se estrenaron como realizadores con el film Phillip Morris ¡Te quiero!, de cuyo guión también eran responsables. Se trató de un proyecto llamativo y poco convencional que les sirvió para hacerse un hueco en la industria del séptimo arte. Dos años después presentan Crazy, Stupid Love, destacado éxito de taquilla que lleva recaudados por el momento más de ciento veinte millones de dólares en todo el mundo. Aunque recurren a fórmulas muy utilizadas y exprimen recursos bastante esquilmados, logran sobresalir de la calidad media a la que nos tienen acostumbrados otras comedias. La película cuenta con dos puntos fuertes, que son un guión ágil, a ratos divertido y con chispazos de creatividad y un reparto integrado por actores populares que desempeñan su labor con soltura. Por ello, esta historia de un hombre maduro que, después de divorciarse, se alía con un guaperas que le instruya en materia de trucos para ligar, aunque algo trillada, consigue entretener a los espectadores, sobre todo en la primera parte del metraje. Desgraciadamente, el interés se va diluyendo conforme avanza la proyección y termina pareciéndose demasiado a las comedias más habituales.
Los protagonistas principales son Steve Carell y Ryan Gosling que, aunque no son santos de mi devoción, reconozco que abordan sus papeles con corrección. Julianne Moore (Las horas, Lejos del cielo), Emma Stone (ahora en pantalla con Con derecho a roce y en breves fechas con Criadas y señoras), Marisa Tomei (El luchador, En la habitación) y Kevin Bacon (Algunos hombre buenos, Mystic River) completan el elenco dando vida a otros personajes más secundarios.


jueves, 13 de octubre de 2011

INTRUDERS



El director tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo posee un interesante currículum dentro del complicado género del terror, que se caracteriza por sus innumerables riesgos y por la dificultad a la hora de realizar un film de calidad. Lo más habitual es caer en tópicos muy manidos, tratar de alcanzar el horror a base de sangre y vísceras e impresionar por medio de imágenes impactantes, pero olvidando a menudo la coherencia tanto de la historia como de sus personajes. Sin embargo, el cineasta canario ha evitado hasta ahora caer en los múltiples errores propios de las cintas de esta temática, salvando todos estos handicaps con soltura. Después de ser nominado al Oscar de Hollywood por su corto Esposados, fue el largometraje Intacto su vehículo para narrar una trama original, intensa y con un elevado nivel de intriga que, además, le sirvió para obtener un premio Goya. De ahí saltó a la escena internacional como responsable de la segunda parte de 28 días después, dirigida por el oscarizado Danny Boyle y que, en esta ocasión, se tituló 28 semanas después. En mi opinión, se trata del mejor trabajo de Fresnadillo hasta la fecha, siendo una de esas escasas excepciones en las que la secuela iguala o incluso supera a su predecesora. Su labor detrás de la cámara fue magistral, una verdadera lección de cómo afrontar un proyecto de estas características, marcado por la acción y por la angustia.
Con Intruders explora un universo de pesadillas y espectros habitado por unas familias cuyo miedo a lo irracional les sobrepasa. Cuenta con una correcta interpretación de los actores, una notable recreación del ambiente de tensión necesario para desarrollar la historia y un ritmo adecuado de la narración. Por lo tanto, estoy seguro de que será del agrado de los aficionados al género. Sin embargo, también es cierto que el guión flojea un poco si lo comparamos con las primeras obras del realizador y tanto los diálogos como la configuración de los personajes resultan algo pobres. En cualquier caso, esta apreciación surge al comparar el resultado final con las películas anteriores de este genial director pero, si nos basamos en la calidad media de las cintas de terror estrenadas en nuestras pantallas, debemos concluir que sobresale claramente entre todas ellas. Sea como fuere, y hasta confirmar si Fresnadillo se compromete a filmar el remake de Los inmortales, con Intruders – presentada en los festivales de San Sebastián y Toronto y obteniendo una buena acogida- sigue manteniendo muy alto el listón de la profesionalidad. A la espera del estreno de Eva de Kike Maíllo, es la apuesta cinematográfica nacional más interesante que ofrece nuestra cartelera.
Otro aliciente muy destacable es su reparto, encabezado por Clive Owen, cuya filmografía incluye las sobresalientes Closer, Plan oculto o El caso Bourne. Le acompañan la jovencísima Ella Purnell, que debutó en la gran pantalla con la reciente y muy recomendable Nunca me abandones y que aquí deja datos suficientes que le auguran un gran futuro en el mundo de la interpretación, y la actriz española Pilar López de Ayala, habitual en las ceremonias de entrega de los premios Goya - uno en su haber, unido a otras tres nominaciones- que también completa una correcta actuación.

viernes, 7 de octubre de 2011

LARRY CROWNE: NUNCA ES TARDE (Larry Crowne)



Larry Crowne: Nunca es tarde pertenece a ese grupo de películas construidas ya desde su guión como una loa a los relatos de superación que emocionan al género humano. Las buenas intenciones y la inevitable moraleja final quedan patentes casi desde el primer fotograma. El problema es que solamente con buenas intenciones no se logra que una película funcione. Hacen falta personajes interesantes, diálogos ingeniosos, escenas brillantes y un director que, en función del género cinematográfico al que pertenezca, sepa capaz de contar bien la historia. Y nada de eso aparece en esta cinta sostenida exclusivamente sobre dos pilares. El primero, una pareja de actores famosos con un gran tirón entre el público. El segundo, un espíritu de bondad más propio de esos manuales de autoayuda que también es del agrado de los espectadores. Por lo tanto, quienes pretendan disfrutar de sus dos estrellas preferidas y se emocionen observando a bellísimas personas superando sus dificultades, éste es su largometraje. Sin embargo, los que no soporten las historias blandas típicas de un telefilm de la sobremesa y, sobre todo, los que ansíen verse sorprendidos con una propuesta original, innovadora o creativa, saldrán profundamente decepcionados de este segundo trabajo como realizador de Tom Hanks.
Recordando la anterior ocasión en que la pareja Roberts-Hanks coincidió en la gran pantalla, la diferencia no puede ser más abismal. En La guerra de Charlie Wilson asistíamos a una comedia inteligente y divertida, con destacadas interpretaciones y que resultaba enormemente entretenida. Constituía una buena muestra de cómo sacar el máximo jugo a una trama que, en principio, no era propicia para provocar la carcajada, puesto que refleja la participación de los Estados Unidos en la guerra entre Afganistán y la antigua U.R.S.S. Pero logró cinco nominaciones a los Globos de Oro, además de otras a los Oscar y a los BAFTA, unos réditos que podrían considerarse escasos para los méritos alcanzados.
Con Larry Crowne el reencuentro del tándem artístico se ha desaprovechado por culpa de un guión pobre en recursos escrito conjuntamente por el director y por la actriz de origen canadiense Nia Vardalos, que en 2002 cosechó su mayor éxito con Mi gran boda griega. Posteriormente, todas sus incursiones profesionales, tanto escribiendo como interpretando, han sido sonoros fracasos, me aventuro a afirmar que por idénticos motivos: una historia descafeinada y unos personajes insulsos. En todo caso, sorprende que el propio Tom Hanks -responsable de notables series de televisión como The Pacific o De la tierra a la luna- sea el mismo cineasta que ha firmado este título. Es evidente que su cambio de registro detrás de la cámara hacia la comedia bienintencionada no ha obtenido los resultados esperados ni siquiera en la taquilla, cuyos parcos treinta y cinco millones de dólares recaudados en el mercado norteamericano no han cubierto las expectativas creadas.

viernes, 30 de septiembre de 2011

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS



El realizador vasco Enrique Urbizu comenzó hace dos décadas su carrera profesional rodando comedias. Desde finales de los años ochenta hasta mediados de los noventa estrenó varios títulos como Tu novia está loca, Cómo ser infeliz y disfrutarlo y Cuernos de mujer. Sin embargo, nunca llegó a destacar en este difícil género cinematográfico. Sus propuestas no se desmarcaban del resto de los largometrajes de humor españoles y, por ello, no pasaba de ser un director sin demasiada repercusión. Pero, posteriormente, cuando decidió pasarse al thriller, las cosas empezaron a cambiar. Con Cachito (1996) apostó por personajes más interesantes en manos de intérpretes de calidad y por unos niveles de intriga en la narración de las historias inusuales hasta aquel momento. 2002 fue el año en el que presentó su mejor película hasta la fecha, La caja 507, consiguiendo dos premios Goya de un total de cuatro nominaciones y cuatro galardones más en el Festival de Cine Policiaco que se celebra en la localidad francesa de Cognac. En mi opinión, esta cinta es la más destacada de la filmografía española dentro de su género en mucho tiempo así que no es de extrañar que el cineasta bilbaíno continúe por este camino y se olvide de sus prescindibles comienzos detrás de la cámara.
En No habrá paz para los malvados, y siempre con su sello personal, insiste en reflejar submundos concretos como los de la delincuencia, las mafias y las investigaciones policiales, poblados por algunos personajes normales a quienes acompañan otros muy estrambóticos. Su es narración directa, con escasas concesiones a los efectos especiales o a las grandes persecuciones, sin apenas banda sonora de fondo que aumente la tensión por vías ajenas a la trama y, sobre todo, con buenos actores que cumplen perfectamente con la misión que se les encomienda. No obstante, sin obviar todos esos méritos, hay que reconocer que este film es peor que La caja 507. Se detectan errores de bulto en el guión que tal vez escapen a la percepción de los espectadores que ignoren el procedimiento de una instrucción penal judicial pero, quienes posean unas nociones mínimas, se sorprenderán ante la ingenuidad de algunos de los planteamientos. Además, por más que cada escena contemplada individualmente resulte correcta, el conjunto de todas ellas no refleja una historia bien contada. Las conexiones entre los delincuentes se presuponen y, lo que empezaba siendo una investigación en burdeles regentados por ciudadanos colombianos sospechosos de tráfico de drogas, termina por convertirse en la preparación de un atentado terrorista por parte de una célula islamista radical, sin que esta transición quede perfectamente clara a los ojos del público. En definitiva, No habrá paz para los malvados es un thriller español de calidad superior a la media pero que, comparado con el nivel que Urbizu ha demostrado ser capaz de alcanzar, ha de considerarse inferior a lo esperado.
Lo mejor es, sin lugar a dudas, disfrutar del actor José Coronado firmando la mejor interpretación de su carrera. Su recreación de un malvado inspector de policía, deshonesto y borracho pero capaz también de sacrificarse por una buena causa, es magnífica. El resto de sus compañeros de reparto, pese a unas dignas actuaciones, permanecen a la sombra de Santos Trinidad, un personaje que perseguirá a Coronado por mucho tiempo. Por su parte, Enrique Urbizu se halla actualmente inmerso en el rodaje de Armas y conversaciones, basado en una novela del escritor Manuel Cerdán sobre el agente de los Servicios Secretos españoles Francisco Paesa pero habrá que esperar a 2012 para verla en las salas de cine.

viernes, 23 de septiembre de 2011

COLOMBIANA



El interesante cineasta francés Luc Besson tiene predilección por personajes femeninos con una fuerte personalidad que, soporten o no el protagonismo de un film, lo marcan puesto que permanecen en la retina del espectador por encima de cualquier otro. Suele regalarles frases brillantes en el guión, les concede innumerables escenas de acción y las convierte en el centro neurálgico de un buen puñado de importantes secuencias de sus películas. Quien haya visto la muy recomendable Leon: El profesional entenderá lo que me refiero. Natalie Portman centra toda la atención frente al principal papel masculino. Cintas como Juana de Arco, Nikita: dura de matar o, incluso, El quinto elemento muestran la preferencia del realizador parisino por las féminas duras y con carácter, logrando además aunar de forma sorprendente la comicidad grotesca con el drama sutil, la acción desmedida con una ternura que desarma, el desmadre con sus pretensiones más poéticas y místicas. Ese estilo peculiar e intransferible le ha supuesto notables éxitos de público y numerosos reconocimientos en su país natal, traducidos en un premio César y a múltiples nominaciones al máximo galardón de la cinematografía gala.
Pero cuando Besson se limita a escribir y producir, dejando la dirección en otras manos, buena parte de su sello personal se pierde por el camino. Colombiana, pese a salir de su puño y letra y estar producida por él, tiene detrás de la cámara a Olivier Megaton, responsable, por ejemplo, de la tercera parte de la saga Transporter. Y el cambio se nota. Colombiana es solamente un largometraje de acción, correctamente realizado, que plasma dignamente la tensión de la historia, pero que carece de la mínima pizca de ingenio o de brillantez que a buen seguro poseería si Besson hubiera tomado el timón de la filmación. Por alguna razón que se me escapa, ha decidido cambiar radicalmente esta faceta, encaminándola hacia proyectos de corte infantil como Adèle y el misterio de la momia o los cuatro títulos de animación de Arthur y los Minimoys. Los más pequeños han salido ganando con el cambio, ya que son productos de mejor calidad que los habituales pero, por el contrario, todos los demás hemos salido perdiendo, ya que llevamos más de una década sin ver un destello de aquel artista que comenzó a asombrarnos a finales de los ochenta con El gran azul.
En cualquier caso, la película promete acción y cumple su promesa. Situada en esa zona intermedia entre la buena y la mala calificación, es probable que su objetivo de ser un mero entretenimiento quede garantizado para los amantes del género. La actriz Zoe Saldana destaca indiscutiblemente al frente del reparto y toda la trama se construye en torno a ella. Sus acompañantes aparecen desdibujados en forma de personajes, no ya secundarios, sino perfectamente prescindibles. El español Jordi Mollá insiste en interpretar un papel casi calcado a los de Dos policías rebeldes II y Blow aunque, en esta ocasión, con peor fortuna.

viernes, 16 de septiembre de 2011

LA DEUDA (The Debt)



John Madden es un director británico cuyas películas se caracterizan por su corrección pero sin terminar de resultar brillantes. Dejando a un lado la claramente más fallida La mandolina del capitán Corelli, que desentona a todas luces en su filmografía, su cine se sitúa en ese nivel de calidad a medio camino entre el meramente aceptable y el que encandila. Incluso cuando se habla de Shakespeare enamorado (cinta que ganó en 1999 el Oscar a la mejor película) suele afirmarse que, pese a sus indiscutibles méritos, recibió una recompensa excesiva, probablemente porque aquel año el listón exhibido por sus otras competidoras no era el esperado. En todo caso, a pesar de tan emblemático galardón, se trata de un film inferior respecto a otros que también lo han obtenido. La verdad oculta o Su majestad Mrs. Brown son buenos ejemplos de trabajos con innegables virtudes y dignos de ser valorados pero no terminan de dar ese salto definitivo a la excelencia ni logran esa conexión especial con el público.
Continuando en la misma línea, el realizador estrena ahora La deuda, último proyecto que no provoca ni reproches ni alabanzas, puesto que ofrece el mínimo exigible a un film de intriga con un presupuesto medio y unos actores consagrados. Entretenida a ratos, todos sus intérpretes –pertenecientes a la escuela británica, con la excepción de Jessica Chastain- sobresalen de forma notable. Sin embargo, es inevitable sentir un cierto desencanto ante lo que, en principio, prometía, sobre todo si se compara con otros títulos de temática común como Munich de Steven Spielberg o Juego de lágrimas de Neil Jordan, que sí se desmarcaron de la mera corrección para alcanzar la consideración de cine con mayúsculas. Ya sé que las comparaciones son odiosas pero aquí Madden sale perdiendo.
Lo mejor del largometraje se halla en su reparto. La magnífica actriz Helen Mirren, ganadora del Oscar por La reina y nominada en tres ocasiones más, asegura un trabajo excelente en cualquier proyecto en el que interviene. Lo mismo ocurre con Tom Wilkinson, cuya participación como secundario de lujo en innumerables cintas garantiza la calidad de éstas. Destaca asimismo la joven californiana Jessica Chastain, a quien veremos con asiduidad en las próximas semanas, ya que este viernes estrena El árbol de la vida, lo último del siempre extraño cineasta Terrence Malick y el próximo 28 de octubre aparecerá en Criadas y señoras, auténtica película revelación de la temporada en Estados Unidos que, con un presupuesto de apenas veinticinco millones de dólares ya ha recaudado solo en el mercado norteamericano más de ciento treinta, manteniendo durante cuatro semanas consecutivas –por primera vez en 2011- el número uno de taquilla. Anoten este título porque a buen seguro dará mucho que hablar en el futuro.

domingo, 11 de septiembre de 2011

IN MEMORIAM CLIFF ROBERTSON



El actor Cliff Robertson ha fallecido hoy por causas naturales a los 88 años de edad. Nació en La Jolla, población cercana a Los Ángeles en 1923. Su primer trabajo fue como locutor de radio, pero pronto se decantó por el teatro, primero en una compañía ambulante y, posteriormente, en Broadway, donde debutó en 1952 en una obra dirigida por Joshua Logan. Al cabo de tres años, Logan le ofreció un papel secundario en Picnic, película protagonizada por William Holden y Kim Novak, que significó el comienzo de su carrera cinematográfica. En 1968 ganó un Oscar al mejor actor por su papel en Charly. Compaginó trabajos en la televisión y en la gran pantalla durante décadas. En los últimos años había participado como secundario en la gran saga de Spiderman dando vida al tío de Peter Parker. Participó también en films como Los tres días del cóndor o Star 80.
En un comunicado, su hija, Stephanie Saunders, fruto de su matrimonio con Cynthia Stone, indicó que su padre "fue un padre cariñoso, un amigo fiel, profesional concienzudo y un hombre de honor". "Marcó una diferencia en nuestras vidas e hizo del nuestro un mundo mejor. Le echaremos de menos terriblemente", afirmó Sanders.

viernes, 9 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO



Una de las virtudes que se le deben reconocer a Pedro Almodóvar es la libertad con la que plasma exactamente lo que le da la gana, unas veces con mayor fortuna que otras, siempre dentro de ese universo particular de personajes, situaciones y escenarios singulares, propios y alejados de cualquier convencionalismo. No puede considerarse bajo ningún concepto que el realizador manchego sea uno de tantos que se limita a crear productos en función de las modas, las tendencias de la taquilla o la presión de los distribuidores. En este sentido, se trata de un cineasta original, creativo y, sobre todo, fiel a sí mismo. Y con esa filosofía de trabajo ha conseguido el éxito de público y el reconocimiento de las más altas instancias cinematográficas, sin perjuicio de que también haya sido objeto de críticas negativas y de fracasos más o menos sonoros. Siguiendo la máxima de Woody Allen de que “no se puede gustar a todo el mundo”, Almodóvar ha visto cómo sus experiencias fílmicas sumaban más o menos adeptos pero creo que en ningún caso ha intentado asegurarse el aplauso a costa de traicionarse a sí mismo.
No obstante, su visión creativa rara vez ha llegado a conectar conmigo, que pertenezco a un grupo de aficionados al séptimo arte cuyo peculiar estilo narrativo no les llega adentro, aunque le reconozca su valentía artística y le profese un respeto. Termino por observar su filmografía como quien ve un cuadro abstracto que todo el mundo tacha de maravilloso pero que yo ni entiendo ni quiero llevármelo a mi casa. Sí me gustó Hable con ella, a la que le reconozco un guión meritorio, unos personajes fascinantes y una interpretación destacada de los actores que integran el reparto. Pero el resto de su cine me es muy ajeno y títulos de su última etapa como La mala educación o Los abrazos rotos los califico de artificiales, vacíos y esperpénticos en exceso.
La piel que habito es el enésimo experimento que tal vez cobre algún sentido en el universo almodovariano pero, desde luego, en el mío no. Dejando a un lado las excentricidades propias de su artífice y que probablemente agradarán a sus incondicionales, el principal problema de la cinta es su pretensión de ser un thriller sin que en ningún momento de la proyección se logre el clima necesario para poder ser incluida en dicho género. Los personajes son poco creíbles, incluso desde el punto de vista de la ficción cinematográfica. Falta intensidad y denota carencia de habilidad narrativa para la intriga. La única conclusión posible es que Pedro Almodóvar ha querido renegar de la comicidad que siempre ha sido su santo y seña para apostar por el terror y el drama desgarrador pero ha naufragado en el intento. En este sentido, resulta muy reveladora esa última escena que pretende alcanzar el culmen del dramatismo y que sirve para que la tensión acumulada explote finalmente. Gran parte de la sala se reía al contemplar las lágrimas de sufrimiento de Elena Anaya. El resto de los espectadores –entre los que me incluyo- permanecía impasible sin que la trama le hubiese despertado sensación alguna. No existe mayor fracaso que ese.

viernes, 2 de septiembre de 2011

DESTINO FINAL 5 (Final Destination 5)



Suele decirse que en épocas de crisis económica florecen en mayor medida las manifestaciones artísticas. Sin embargo, y pese a la precaria coyuntura actual por la que atraviesa el mundo -fruto por otra parte de un sinfín de desmanes monetarios y políticos-, el cine no destaca por estar viviendo precisamente su mejor momento. Es más, parece que se ve arrastrado por una ola de mediocridad y falta de brillantez solo comparable a la de buena parte de esos mandatarios que han asumido las riendas del poder en estos últimos años. En 2011 hemos padecido en las salas de proyección una auténtica saturación de segundas, terceras, cuartas y quintas partes, de secuelas y precuelas, de “remakes” y nuevas versiones de títulos que se estrenaron en épocas pasadas. Desgraciadamente, todo parece indicar que el futuro que nos espera a los aficionados al séptimo arte no es demasiado alentador.
Ya circula por las pantallas el tráiler de un nuevo Footloose, cinta protagonizada por el actor Kevin Bacon en 1984. También es oficial el rodaje de otro Dirty Dancing, que repetirá la historia que encumbró a la fama en 1987 al prematuramente fallecido Patrick Swayze. Hace escasas fechas saltó a los medios de comunicación la noticia de que Leonardo Di Caprio dará a vida a El Gran Gatsby. Incluso para finales de este año está previsto el estreno de la versión norteamericana de la novela del escritor sueco Stieg Larsson Los hombres que no amaban a las mujeres. No hay duda de que las ideas brillantes, novedosas y arriesgadas que antaño se traducían en largometrajes dignos de ser recordados se hallan hoy en peligro de extinción. A estas alturas, no me sorprendería en absoluto asistir al anuncio de Memorias de África 2 o constatar que algún iluminado pretendiera emular a Alfred Hitchcock en la magistral Con la muerte en los talones.
Tal vez la explicación a esta falta de originalidad radique en que la crisis económica no ha afectado a la industria cinematográfica. Por el contrario, nunca las taquillas habían ingresado cantidades tan astronómicas como las del último trienio y, en consecuencia, no se ha producido esta etapa de esplendor creativo y artístico que suele estar ligada a los períodos de vacas flacas. El enésimo ejemplo lo constituye la quinta entrega de la saga de Destino Final, cuyos cuatro títulos anteriores obtuvieron una recaudación global cercana a los cien millones de dólares, si bien en esta ocasión los ingresos están muy por debajo de esa rentabilidad media esperada. Una vez más, la fórmula se repite de un modo tan recurrente que el film termina rozando el ridículo y bordea peligrosamente una comicidad no pretendida por su realizador. En todo caso, se sitúa a años luz de los mínimos niveles de terror y tensión exigibles a cualquier cinta de estas características.
Steven Quale debuta detrás de la cámara, aunque ejerció como ayudante de dirección de James Cameron en Titanic y Avatar. Destino final 5 no aporta nada ni a su saga ni al género de terror al que supuestamente pertenece. Dudo que ni siquiera entusiasme a los adolescentes a quienes tan descaradamente va dirigida. Solo nos queda aguardar a que la citada crisis económica finalmente afecte a los creadores para que sus proyectos recuperen la originalidad y la brillantez de antaño.