viernes, 8 de octubre de 2010

MACHETE


El realizador norteamericano de origen latino Robert Rodríguez se ha caracterizado siempre por rodar un tipo de cine de gran violencia, con unos personajes muy estereotipados y una estética visual rayana en la vulgaridad. Desde que en 1992 estrenase su opera prima El mariachi, se ha mantenido fiel a su estilo, excepción hecha de las tres entregas de la saga de Spy Kids, un producto destinado claramente al público infantil con el que suavizó notablemente su forma de narrar las historias. Paradójicamente, este trío de largometrajes ha supuesto su mayor éxito de taquilla hasta el momento, alcanzando cada uno de ellos los cien millones de dólares de recaudación a nivel mundial y, en el caso del primero y del tercero, tan sólo en el mercado estadounidense. Sin embargo, parece evidente que los seguidores de la trayectoria de Rodríguez le reconocen más en las escenas de Desperado, una especie de versión yanqui de su primera película y protagonizada por Antonio Banderas, o en cualquiera de sus múltiples colaboraciones con Quentin Tarantino, otro director especializado en rodajes desenfrenados aderezados con grandes dosis de violencia, en ocasiones con una maestría digna de elogio pero, y cada vez con mayor frecuencia, con una reiteración que llega a provocar cierto hastío.
El tándem Tarantino-Rodríguez se forjó en cintas como Four Rooms, Abierto hasta el amanecer o Grindhouse, experimento éste último de muy difícil clasificación y que no era más que la unión de los dos filmes que cada uno había estrenado por separado con los títulos Planet Terror y Death Proof. Y fue precisamente en esta aventura tan prescindible donde apareció por primera vez en la gran pantalla el personaje de Machete, a quien se dedica este actual proyecto en su integridad. La trama relata los avatares de un ex agente federal mejicano que, tras mantener un altercado con un capo de la droga, decide refugiarse en Texas con el ánimo de olvidar su pasado. Pero, muy a su pesar, se ve envuelto, además de en una red de corrupción, en el intento de asesinato de un senador, razón por la cual el protagonista, decidido a limpiar su honor, comienza una lucha que le irá enfrentando a una serie de personajes a cual más pintoresco. Pese a que el director pretende aparentar cierta relevancia en los temas tratados, como la política de inmigración de los Estados Unidos de América, la corrupción que se extiende por múltiples esferas o las lamentables condiciones de vida de los propios inmigrantes, lo cierto es que nos coloca ante una nueva (aunque no oficial) versión de El mariachi, personaje que, como ya ha quedado dicho, utilizó también en Desperado y, años más tarde, en Once Upon a Time in Mexico, estrenada en España con el sobrenombre de El mejicano. Machete es un compendio de numerosas escenas violentas unido a un ramillete de chicas guapas que se contonean sugerentemente, a una notable selección de armas blancas y de fuego y, sobre todo, a demasiados litros de sangre salpicando la sala de proyección. En definitiva, pocos alicientes por los que merezca la pena adquirir una entrada.
El casting es un desfile de nombres conocidos, en su mayoría actores que gozaron de gran éxito hace varias décadas y que cintas como ésta se encargan de rescatar del olvido. Don Johnson (el célebre policía Sonny Crocket de la mítica serie televisiva Corrupción en Miami) o Steven Seagal, un habitual del peor cine de acción que sirve de relleno a las programaciones semanales de las cadenas de televisión, constituyen dos buenos ejemplos. En el apartado femenino figuran Jessica Alba, Michelle Rodríguez y Lindsay Lohan. Para finalizar, una breve referencia a la intervención de Robert de Niro, que lleva varios años sumando películas fallidas a su filmografía como actor, si bien realizó un gran trabajo como director en la muy recomendable El buen pastor (2006).

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