LA PELÍCULA DE LA SEMANA

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viernes, 31 de octubre de 2008

HIGH SCHOOL MUSCIAL 3

El canal temático de televisión Disney Channel inició sus emisiones en el año 1983. En un principio, la programación se ceñía a los dibujos animados de los personajes clásicos de Walt Disney pero en pocos años fue incrementando los programas de producción propia, convirtiéndose en gran medida en un canal dedicado a promoción musical. De él han surgido estrellas de la canción como Britney Spears, Christina Aguilera o Justin Timberlake, quienes han gozado de un gran éxito profesional en sus respectivas carreras discográficas. Posteriormente, el testigo ha pasado a manos de la cantante Hilary Duff, protagonista de la popular serie Lizzie McGuire (que también ha tenido su versión cinematográfica) y que ya ha lanzado tres discos con gran repercusión mediática, y de la joven actriz Miley Cyrus que, gracias al personaje de Hannah Montana ha iniciado su carrera en el mundo de la música. Pero, para recuperar de nuevo el interés de los más pequeños de la casa, tuvieron que lanzar otras ofertas a través de una nueva vía: Playhouse Disney,
En el año 2006 Disney Channel estrenó un telefilm de género musical con el título de High School Musical cuya enorme repercusión sorprendió a todo el mundo. Recibió dos premios Emmy (uno de ellos por sus coreografías) y su banda sonora fue la más vendida a nivel internacional. La aceptación popular fue tal que un año después tuvo lugar el estreno de la segunda parte. El día de su emisión se sentaron frente al televisor más de diecisiete millones de espectadores en Norteamérica, algo absolutamente inusual en el ámbito de los canales temáticos. El fenómeno era ya imparable y a la infinidad de productos de merchandising se sumó la idea de rodar una tercera parte pero, en esta ocasión, para la gran pantalla. Por primera vez, un telefilm derivaba en película de cine y no al contrario.
Lo cierto es que, viendo la sala abarrotada de niños y adolescentes tan involucrados con esos personajes y sus andanzas estudiantiles, se pone de manifiesto el extraordinario poder mediático de la factoría de Mickey Mouse. La duda que se plantea es si ha sido la empresa del famoso ratón la que se ha adaptado a los nuevos tiempos o si ha sido el público infantil el que se ha plegado a los deseos de la productora. En cualquier caso, el triunfo alcanzado es un hecho y en su primer fin de semana de exhibición en Estados Unidos el film ha recaudado cuarenta y dos millones de dólares y ha sido número uno de taquilla en todos los países donde se ha estrenado, espectacular resultado para una producción que apenas ha invertido once millones en su realización.
La cinta encantará a los innumerables aficionados de la saga, ya que continúa por la misma senda de sus predecesoras y, aunque resulten criticables la previsibilidad de la trama y la simplicidad de los personajes, hay que reconocer que los números musicales rayan a gran altura y despiertan el entusiasmo de los espectadores. El público de una cierta edad se acordará inevitablemente de Grease, musical que marcó a una generación que ahora ronda la cuarentena. Quizá, cuando se reedite la banda sonora de High School Musical con ocasión del veinticinco aniversario de su estreno, los niños de hoy, adultos del futuro, la comprarán para añorar aquel largometraje que tanto les gustó, como ocurrió con la reedición del film de John Travolta y Olivia Newton-John.

domingo, 26 de octubre de 2008

THE WOMEN

La guionista y productora norteamericana Diane English logró su mayor reconocimiento profesional como responsable de la serie televisiva Murphy Brown, emitida entre los años 1988 y 1998. Su labor al frente de esta producción le reportó tres premios Emmy (los galardones por excelencia en el ámbito de la pequeña pantalla). Igualmente, la actriz Candice Bergen obtuvo dos Globos de Oro y otros cinco Emmy por su interpretación de la famosa periodista. Pero, a pesar de ese éxito, English no había decidido probar fortuna en la pantalla grande hasta que cayó en sus manos la obra de Clare Boothe Luce, una escritora neoyorkina nacida a principios del siglo pasado y que, ya por entonces, escribía sátiras sobre el universo femenino. De hecho, su obra ya fue llevada al cine hace siete décadas (1939) por un maestro de la realización, George Cukor, Oscar al mejor director por My Fair Lady y nominado en cuatro ocasiones más -Nacida ayer, Mujercitas, Doble vida e Historias de Philadelphia-. En aquella primera adaptación participaron actrices del prestigio de Joan Crawford, Rosalind Russell o Joan Fontaine.
Setenta años después, la realizadora ha tratado de adaptar la historia al nuevo siglo pero el resultado final merece ser calificado de mediocre. Nos traslada a un capítulo sin demasiada gracia de Sexo en Nueva York, puesto que algunos de sus personajes se asemejan bastante a los de la popular serie de televisión llevada recientemente a la gran pantalla, e intenta con escasa fortuna combinar lo cómico y lo dramático sin conseguir dicho objetivo. En ningún momento se muestran personajes con credibilidad ni situaciones de interés. No sería erróneo afirmar que estamos ante un producto televisivo más, que ha terminado por estrenarse en las salas de cine debido a la envergadura de las actrices que participan en el proyecto.
Todo lo dicho anteriormente se entiende aún mejor si comparamos The Women con los grandes éxitos que figuran en la filmografía de su protagonista, Meg Ryan. Esta actriz disfrutó hace casi dos décadas de sus mayores cuotas de popularidad gracias a sus actuaciones en notables comedias románticas que revitalizaron el género, elevándolo a su mayor nivel de calidad. Así, en 1989 protagonizó Cuando Harry encontró a Sally, auténtica joya cinematográfica que a punto estuvo de alzarse con el Oscar al mejor guión original –circunstancia extraordinariamente inusual en este tipo de cine-. La estatuilla recayó finalmente en El club de los poetas muertos. Pocos años después se estrenó Algo para recordar, film que sigue encandilando a día de hoy y cuyos resultados en taquilla fueron sobresalientes. Ambos títulos ofrecen brillantes guiones y personajes cautivadores, precisamente todo lo que le falta a esta readaptación y, en general, a la mayoría de comedias románticas rodadas en los últimos tiempos.
Junto a Meg Ryan completan el reparto otras actrices de renombre como Annette Bening, tres veces nominada al Oscar y con largometrajes tan relevantes en su haber como Los timadores, American Beauty o Bugsy y, en pequeños papeles, Bette Midler, Eva Mendes y Carrie Fisher. Para consuelo de los aficionados, siempre se puede recurrir a la revisión de otros trabajos más destacados de las citadas intérpretes que el que ahora llega a nuestras pantallas.

lunes, 20 de octubre de 2008

QUEMAR DESPUÉS DE LEER

Los hermanos Joel y Ethan Coen constituyen el máximo exponente del cine independiente norteamericano en la actualidad, habiendo alcanzado gracias a sus obras el éxito comercial, el aplauso de la crítica y el respeto de la industria cinematográfica. Hace ya más de una década lograron el Oscar al mejor guión por la magnífica Fargo y, en la última edición de los premios de la Academia de Hollywood, obtuvieron tres más como productores, directores y guionistas de No es país para viejos, cinta por la que nuestro compatriota Javier Bardem también se alzó con la estatuilla al mejor actor secundario. Esta pareja oriunda de Minnesota siempre ha trabajado conjuntamente y toda su filmografía está marcada por una clase de humor negro muy característico. A lo largo de una carrera profesional de más de veinte años han sabido combinar con acierto cintas de corte dramático como Muerte entre las flores, Barton Fink o las ya mencionadas Fargo y No es país para viejos con comedias alocadas como El gran Lebowski, O brother!, o Crueldad intolerable. Pero, reconociendo que en ambos géneros han rodado títulos muy destacados, lo cierto es que han sido sus trabajos más “serios” los que les han encumbrado a la cima del cine contemporáneo.
Con Quemar después de leer se lanzan una vez más al humor más puro y desenfrenado merced a una historia protagonizada por unos personajes hilarantes que se desenvuelven en unas situaciones tan divertidas como absurdas. El guión se sostiene sobre la conexión de dichos personajes: un ex agente de la C.I.A. despedido que decide escribir sus memorias; otro agente federal que mantiene una relación sentimental con la mujer del anterior; y dos empleados de un gimnasio que, por casualidad, encuentran el borrador de las citadas memorias en un archivo informático y quieren obtener provecho económico de esta circunstancia. Con todo este material los Coen consiguen arrancar las carcajadas con facilidad. Algunas escenas como la del chantaje al agente secreto son antológicas, lo mismo que determinadas interpretaciones destinadas al lucimiento cómico del reparto. Por lo tanto, el largometraje es muy recomendable tanto para los fans incondicionales de estos realizadores como para los amantes de la comedia en general, que no se sentirán defraudados en lo más mínimo. De hecho, los espectadores ya han respaldado este proyecto, que ha recaudado en cuatro semanas más de cincuenta millones de dólares exclusivamente en las taquillas norteamericanas.
El espectacular elenco de intérpretes está integrado, entre otros, por George Clooney –Oscar al mejor actor secundario por Syriana-, Tilda Swinton –Oscar a la mejor actriz secundaria por Michael Clayton- o Frances McDormand –Oscar a la mejor actriz por Fargo-. Todos ellos brillan a un gran nivel pero merecen mención especial un sensacional Brad Pitt y, de modo especial, el extraordinario actor John Malkovich - Los gritos del silencio, Las amistades peligrosas, El imperio del sol, En la línea de fuego- quien, tras sufrir una profunda crisis profesional, por fin retoma el mejor camino que emprendiera en los años ochenta. De hecho, tiene pendiente de estreno el último film del imprescindible Clint Eastwood, Changeling, que protagoniza junto a la actriz Angelina Jolie.
Por su parte, los incansables hermanos Coen están en pleno rodaje de su próxima comedia que, con el título provisional de A serious man, atraerá a buen seguro a sus numerosos fieles.

viernes, 10 de octubre de 2008

ASESINATO JUSTO

El director y productor norteamericano Jon Avnet cosechó sus mayores éxitos en la década de los noventa y, después de rodar algunos títulos notables como Íntimo y personal (con Robert Redford y Michelle Pfeiffer) y, sobre todo, Tomates verdes fritos (con Kathy Bates y Jessica Tandy), abrió un largo paréntesis en su faceta de realizador de casi diez años y se dedicó a la producción y al medio televisivo. Hasta el año pasado no volvió a colocarse detrás de la cámara para filmar la cinta 88 minutos que, a pesar de estar protagonizada por Al Pacino, fue vapuleada por la crítica y pasó desapercibida para el público. Ahora estrena Asesinato justo, largometraje cuya promoción se centra exclusivamente en el reclamo de ver juntos en la gran pantalla a dos monstruos de la interpretación como son Robert de Niro y el ya citado Pacino. Ambos actores, pese a integrar el reparto de la obra maestra El padrino II de Francis Ford Coppola, no coincidieron en ninguna de sus escenas y tuvieron que esperar veinte años para que el brillante Michael Mann les reuniera en la interesante Heat, donde sí compartieron plano.
Viendo este film se comprende el intento de publicitarlo sobre la base de sus dos protagonistas, ya que es el único aliciente que reviste un mínimo de interés para el espectador. Su problema principal estriba en que una de las temáticas más tratadas en la historia del séptimo arte es la policiaca y, por lo tanto, películas sobre policías y asesinos en serie hay centenares. Para que un proyecto de estas características interese de verdad debe añadir un toque de originalidad merced a personajes intensos, diálogos brillantes y puestas en escena alternativas. En definitiva, algo que le diferencie del resto. Sin embargo, Asesinato justo nos ofrece más de lo mismo: personas y situaciones que ya hemos visto en infinidad de ocasiones y una reiteración de tópicos y estereotipos que lastran el resultado final. Por todo ello, lo único que salva a la historia es la mera presencia del dúo Pacino-De Niro.
Es indudable que estamos ante los mejores. Entre ambos suman la nada despreciable cifra de catorce nominaciones a los Oscar y en sus respectivas filmografías sobresalen títulos inolvidables que van desde El padrino, Tarde de perros, El precio del poder o El dilema hasta Taxi Driver, El cazador o La misión. A esta interminable lista también se añaden unas notabilísimas aportaciones al oficio de realizadores. Tanto la meritoria Looking for Richard –hasta ahora la única cinta dirigida por Al Pacino- como las excelentes Una historia del Bronx y El buen pastor –las dos realizadas por Robert De Niro- demuestran su valía a ambos lados de la cámara. Lástima que, cada vez con mayor frecuencia, acepten trabajos que no están a la altura de su categoría y que perjudican en cierta medida a sus trayectorias profesionales.
En papeles más secundarios figuran John Leguizamo –Romeo y Julieta, Moulin Rouge, El incidente- y Brian Dennehy -Acorralado, Cocoon, Presunto inocente-.

domingo, 5 de octubre de 2008

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

El escritor irlandés John Boyne ha alcanzado fama mundial gracias a su libro “El niño con el pijama de rayas”, vendiendo más de un millón de ejemplares tan sólo en España y convirtiéndose en una de esas plumas que tienen asegurado el éxito futuro, logro muy difícil en el actual panorama literario.
En dicha novela se narra la historia de un niño, hijo de un alto mando del ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial, que tiene que trasladarse con el resto de su familia al ser su padre ascendido y destinado a dirigir un campo de exterminio. En ese nuevo hogar, y ante la ausencia de sus amigos, termina por trabar amistad con un pequeño judío que se encuentra preso en uno de los barracones.
El éxito literario de Boyne se tradujo desde un principio en un gran interés por su adaptación cinematográfica. Pero lo más sorprendente es que haya sido Mark Herman, un realizador británico prácticamente desconocido y cuya filmografía se reduce a comedias como Échale la culpa al botones -desapercibido film protagonizado por Dudley Moore y Patsy Kensit- el responsable del guión y de la dirección de este drama, en colaboración con David Heyman, productor de la saga de Harry Potter y de cintas de acción como Soy leyenda.
El intento de analizar el tema del Holocausto desde un prisma infantil convierte a la primera parte de la película en una conmovedora realización destinada a reflejar la perplejidad de un menor que no acierta a comprender lo que sucede a su alrededor. A partir de ese momento, lo que pudiera ser un largometraje educativo perfectamente recomendable para un público infantil, deriva en una tragedia intensa y desoladora, aunque desprovista de brillantez.
La inocencia infantil y el horror de la guerra son dos elementos de muy difícil combinación que, al mezclarse, multiplican los efectos desagradables que provocan determinados episodios lamentables de la Historia de la humanidad. Cada escena que refleja la injusticia termina por hacerse más insoportable por el mero hecho de estar protagonizada por un niño. Posiblemente estemos ante uno de los desenlaces más desgarradores vistos en una gran pantalla, apto bien para estómagos fuertes, bien para corazones desprovistos de piedad que no se conmuevan ante el sufrimiento ajeno.
El reparto lo integran intérpretes desconocidos, a excepción de los actores Vera Farmiga - Infiltrados, Otoño en Nueva York, El mensajero del miedo- y David Thewlis - el profesor Lupin de la saga de Harry Potter -, quienes asumen papeles de carácter secundario.
Merece la pena destacar la banda sonora del excelente compositor James Horner, ganador de dos Oscar por su música para la premiadísima Titanic y nominado hasta en siete ocasiones por sus composiciones para Casa de arena y niebla, Apolo 13, Braveheart o Una mente maravillosa. De hecho, la melodía de esta película recuerda en gran medida a las del film que contaba la historia del Premio Nobel de Economía John Nash, magistralmente interpretado por el australiano Russell Crowe en el año 2001.